A 41 años del terremoto que silenció a Rockdrigo, el rock urbano mexicano lo recuerda con homenajes
El músico tamaulipeco Rodrigo González, conocido como "Rockdrigo" y considerado el "profeta del nopal", murió cuando el sismo de 1985 derrumbó su edificio en la colonia Roma. Cuatro décadas después, su legado sigue vivo en la escena del rock mexicano.

Cada 19 de septiembre, la Ciudad de México recuerda dos tragedias entrelazadas: la del sismo que devastó buena parte de la capital en 1985 y la de un músico que se convirtió en símbolo de esa jornada. Rodrigo Eduardo González Guzmán, más conocido como Rockdrigo, murió esa madrugada cuando el edificio donde vivía, en la colonia Roma, se derrumbó producto del terremoto. Este año se cumplen 41 años de su muerte y distintos colectivos culturales y músicos preparan homenajes para mantener viva su memoria.
Rockdrigo nació el 25 de diciembre de 1950 en Tampico, Tamaulipas, y desde joven mostró una sensibilidad particular para observar y narrar la vida cotidiana. Se mudó a la Ciudad de México en los años setenta, donde encontró en el rock urbano y en el llamado "rock rupestre" un lenguaje propio para retratar la realidad de los barrios populares, el transporte público y la precariedad de la vida citadina.
Su instrumento principal fue una guitarra acústica acompañada de una armónica, con la que construyó canciones de corte narrativo, cercanas al testimonio y con un fuerte anclaje en la cotidianidad mexicana. Temas como "Metro Balderas" se transformaron en clásicos del género y en una suerte de crónica cantada de la Ciudad de México de aquella época, con sus contradicciones, su bullicio y su gente común.
El apodo de "profeta del nopal" con el que se lo conoce hasta hoy resume bien su propuesta artística: una mirada que mezclaba lo popular, lo urbano y una crítica social hecha con humor e ironía, alejada de las grandes producciones y cercana a los espacios under de la música mexicana. Esa impronta lo convirtió en una figura de culto dentro del rock hecho en español.

La madrugada del 19 de septiembre de 1985, un terremoto de gran magnitud sacudió la Ciudad de México y dejó miles de víctimas, además de una huella profunda en la memoria colectiva del país. Rockdrigo se encontraba en su departamento cuando la estructura colapsó, y su muerte quedó asociada para siempre a esa catástrofe, lo que reforzó con el tiempo el carácter simbólico de su figura.
El sismo de 1985 es, hasta hoy, uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente de México. Además de la magnitud de la destrucción material, dejó en evidencia fallas en la planificación urbana y en los protocolos de respuesta ante emergencias, lo que derivó en cambios profundos en la normativa de construcción y en la creación de sistemas de alerta sísmica que continúan vigentes en la capital mexicana.
La fecha también marcó un antes y un después en la organización social del país: la sociedad civil se movilizó de manera espontánea para las labores de rescate, en un momento en que la respuesta oficial resultó insuficiente. Ese antecedente sigue siendo citado como un punto de inflexión en la relación entre el Estado y la ciudadanía mexicana.
Para la comunidad latina fuera de México, la fecha del 19 de septiembre tiene un peso particular, ya que muchos migrantes mexicanos en Estados Unidos vivieron el sismo de 1985 de manera directa o a través de familiares, y la conmemoración anual funciona como un recordatorio de los lazos que persisten con la ciudad de origen, incluso a la distancia.
En este aniversario, distintos espacios culturales y músicos vinculados al rock urbano mexicano organizan homenajes para repasar la obra de Rockdrigo, que sigue siendo referencia para nuevas generaciones de artistas interesados en el rock hecho en español con raíces populares. Su historia, atravesada por la tragedia, continúa funcionando como puente entre la memoria del sismo y la vigencia de una música que retrató como pocas la vida en la capital mexicana.
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