Bogotá avanza hacia la prohibición de celulares en las aulas: así es la propuesta que se discute
La Secretaría de Educación del Distrito presentó un borrador de resolución que restringiría el uso de teléfonos móviles durante clases y descansos, con excepciones puntuales, y lo sometió a consulta pública antes de convertirlo en norma oficial.

La Secretaría de Educación de Bogotá dio a conocer un borrador de resolución que busca regular el uso de teléfonos celulares dentro de los colegios públicos y privados de la ciudad. El documento plantea una restricción general del uso de estos dispositivos tanto durante las horas de clase como en los tiempos de descanso, con el objetivo declarado de mejorar la concentración de los estudiantes y reducir las distracciones dentro del aula.
Según se desprende de la propuesta, la medida no sería absoluta: contempla excepciones específicas para casos de salud, procesos de inclusión educativa y situaciones de emergencia. Esto significa que estudiantes con necesidades médicas particulares, quienes requieran el uso de dispositivos como parte de ajustes razonables por alguna discapacidad, o situaciones de fuerza mayor, podrían quedar exentos de la restricción general.
Antes de convertirse en una norma definitiva, el borrador quedó abierto a una consulta pública, un mecanismo que permite a docentes, padres de familia, estudiantes y a la comunidad educativa en general enviar observaciones y comentarios sobre el texto propuesto. Este proceso de participación ciudadana es un paso habitual en la elaboración de resoluciones distritales antes de su expedición formal, y busca recoger distintas miradas sobre un tema que involucra directamente la vida cotidiana en las instituciones educativas.
El debate sobre el uso de celulares en las escuelas no es nuevo ni exclusivo de Colombia. En los últimos años, distintos países de América Latina y también Estados Unidos han avanzado en restricciones similares, impulsados por estudios que asocian el uso excesivo de pantallas con problemas de atención, menor rendimiento académico y un aumento de la ansiedad entre adolescentes. Ciudades como Nueva York y estados como Florida ya implementaron normativas que limitan o directamente prohíben el uso de teléfonos durante la jornada escolar.

Para las comunidades latinas en Estados Unidos, este tipo de medidas resulta especialmente relevante, ya que muchas familias inmigrantes enfrentan el desafío de equilibrar la necesidad de mantenerse comunicadas con sus hijos —muchas veces por razones de seguridad o logística familiar— con las políticas escolares que buscan minimizar las distracciones digitales. La experiencia de otros distritos escolares en el país ha mostrado que la clave suele estar en definir con claridad las excepciones, como ocurre en el borrador bogotano con los casos de salud e inclusión.
El uso masivo de smartphones entre niños y adolescentes se ha convertido en una preocupación creciente para pedagogos y autoridades de salud mental en toda la región. Organizaciones internacionales como la UNESCO han recomendado restringir el uso de dispositivos móviles en entornos escolares, argumentando que su presencia constante afecta la capacidad de atención sostenida y puede intensificar fenómenos como el acoso escolar a través de redes sociales.
En el caso puntual de Bogotá, la iniciativa se enmarca dentro de las políticas educativas que la administración distrital ha venido impulsando para modernizar la convivencia escolar y adaptar la normativa a los desafíos que plantea la vida digital. Se espera que, una vez cerrado el período de comentarios ciudadanos, la Secretaría de Educación evalúe los aportes recibidos y ajuste el texto antes de expedir la resolución definitiva que regirá en los colegios de la capital colombiana.
La forma en que finalmente se implemente esta normativa podría convertirse en un referente para otras ciudades colombianas y de la región, que observan de cerca cómo equilibrar el derecho a la conectividad de los estudiantes con la necesidad de preservar espacios de aprendizaje libres de distracciones digitales. Mientras tanto, la comunidad educativa bogotana tiene la posibilidad de hacer llegar sus observaciones antes de que la propuesta se convierta en una obligación formal para todas las instituciones de la ciudad.
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