Cali guardó luto con una velatón en homenaje a las víctimas del terremoto de 1994
La ciudad colombiana conmemoró un nuevo aniversario del sismo que golpeó la región del Cauca con una jornada de recogimiento ciudadano, memoria colectiva y homenaje a quienes perdieron la vida.

La ciudad de Cali volvió a encender velas para recordar a las víctimas del terremoto que, un 10 de agosto, sacudió el suroccidente de Colombia y dejó una huella imborrable en la memoria de sus habitantes. Una vez más, vecinos, familiares de víctimas y autoridades locales se reunieron en una velatón para rendir homenaje colectivo a quienes perdieron la vida en aquella tragedia que marcó un antes y un después para la región.
El evento conmemorativo reunió a distintas generaciones de caleños, muchos de los cuales no vivieron el desastre en carne propia pero crecieron escuchando los relatos de sus familiares. La velatón se convirtió así en un puente generacional, un espacio donde se transmite la memoria histórica de una catástrofe que golpeó con particular dureza a las comunidades más vulnerables de la zona rural del Cauca.
El terremoto de 1994, conocido también como el sismo del río Páez, tuvo un epicentro que combinó el movimiento telúrico con una avalancha de lodo y agua que arrasó poblados enteros en cuestión de minutos. La tragedia no solo cobró un alto número de vidas humanas, sino que también desplazó a miles de familias indígenas y campesinas, muchas de las cuales nunca pudieron regresar a sus tierras de origen.
Para comprender la magnitud del hecho conmemorado, vale recordar que los desastres naturales de este tipo suelen dejar consecuencias que se extienden mucho más allá del momento del impacto. La reconstrucción de comunidades enteras, el reasentamiento de poblaciones y la atención psicológica a los sobrevivientes son procesos que, en muchos casos, tardan décadas en completarse, y que en Colombia se transformaron en un antecedente clave para las políticas de gestión del riesgo de desastres.

En ese sentido, la fecha del 10 de agosto se ha convertido en un símbolo dentro del calendario de memoria colectiva de Cali y del Cauca, comparable a otras efemérides latinoamericanas ligadas a catástrofes naturales, como los terremotos de México, Chile o Ecuador, que también generan actos anuales de recogimiento y homenaje a las víctimas.
Este tipo de conmemoraciones tiene además una función social relevante para las comunidades latinas, tanto dentro de la región como en la diáspora que reside en Estados Unidos. Para muchos migrantes colombianos que dejaron su país después de tragedias como esta, los actos de memoria funcionan como un lazo simbólico con su tierra natal y como una forma de mantener viva la identidad cultural y la historia familiar a la distancia.
La velatón de este año contó con la participación de organizaciones locales, líderes comunitarios y autoridades municipales, quienes acompañaron a los asistentes en un ejercicio de memoria colectiva que combina el duelo con la reflexión sobre la importancia de la prevención ante desastres naturales. Cali, al estar ubicada en una zona de alta actividad sísmica, mantiene un vínculo estrecho con este tipo de conmemoraciones como parte de su identidad histórica.
Las autoridades locales aprovechan además estas fechas para reforzar mensajes sobre preparación ante emergencias, un tema que cobra especial relevancia en América Latina, donde la exposición a terremotos, deslizamientos y avalanchas sigue siendo alta debido a la geografía montañosa y la actividad volcánica y tectónica de buena parte del territorio regional.
Para los familiares de las víctimas, actos como este representan mucho más que un simple ritual conmemorativo: son una oportunidad para mantener viva la memoria de sus seres queridos y para que las nuevas generaciones comprendan la magnitud de una tragedia que, tres décadas después, sigue siendo parte fundamental de la historia reciente de Cali y del departamento del Cauca.
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