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Contaminación cruzada en la cocina: los errores cotidianos que ponen en riesgo la salud familiar

Un especialista en seguridad alimentaria repasa las prácticas domésticas más comunes que favorecen la contaminación cruzada y explica cómo corregirlas para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos.

Redacción Diario Latina · 11 de septiembre de 20264 min de lectura
Contaminación cruzada en la cocina: los errores cotidianos que ponen en riesgo la salud familiar

Preparar la comida en casa suele percibirse como sinónimo de control y seguridad, pero la cocina doméstica esconde riesgos que muchas veces pasan inadvertidos. Según un experto en seguridad alimentaria consultado sobre el tema, existen al menos cuatro hábitos muy extendidos que favorecen la llamada contaminación cruzada, un fenómeno que ocurre cuando bacterias u otros microorganismos presentes en un alimento —generalmente crudo— se transfieren a otro que no será cocido de la misma manera, o a superficies y utensilios que luego entran en contacto con comida lista para consumir.

El primero de estos hábitos tiene que ver con el uso de una sola tabla de cortar para todo tipo de alimentos. Cortar carne cruda y luego, sin lavar adecuadamente la superficie, picar vegetales que se comerán crudos es una de las formas más directas de trasladar bacterias como la salmonela o la E. coli de un producto a otro. El especialista recomienda destinar tablas diferentes según el tipo de alimento, o al menos lavar y desinfectar minuciosamente entre un uso y otro.

El segundo error señalado es lavar la carne de pollo antes de cocinarla, una costumbre muy arraigada en muchos hogares latinos que, lejos de eliminar bacterias, puede dispersarlas por el fregadero, la mesada y los utensilios cercanos a través de las salpicaduras de agua. Los organismos de salud recomiendan evitar este paso y confiar en que la cocción a temperatura adecuada es suficiente para eliminar los patógenos presentes en la carne cruda.

Un tercer hábito de riesgo es guardar los alimentos crudos por encima de los cocidos dentro del refrigerador. Cuando la carne, el pescado o el pollo crudos se ubican en estantes superiores, cualquier goteo puede caer sobre alimentos ya preparados o listos para comer, contaminándolos sin que resulte visible a simple vista. La recomendación del experto es invertir ese orden: los productos crudos siempre en la parte más baja de la heladera, en recipientes cerrados.

El cuarto punto refiere al uso de los mismos utensilios, como cucharas, pinzas o cuchillos, para manipular alimentos crudos y luego cocidos sin un lavado intermedio. Este descuido es particularmente común durante la preparación de comidas para varias personas o en reuniones familiares, donde la premura por servir varios platos a la vez lleva a saltear pasos básicos de higiene.

Más allá de estos cuatro casos puntuales, conviene entender por qué este tema trasciende lo anecdótico. Según estimaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, millones de personas se enferman cada año por consumo de alimentos contaminados, y una proporción significativa de esos casos tiene origen en la manipulación doméstica, no en restaurantes o comercios. Los grupos más vulnerables —niños pequeños, adultos mayores, embarazadas y personas inmunodeprimidas— son quienes enfrentan las consecuencias más severas ante una intoxicación alimentaria.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, este tipo de recomendaciones adquiere una relevancia particular. Muchas tradiciones culinarias regionales incluyen técnicas de preparación transmitidas de generación en generación, como el lavado del pollo o el uso de una única tabla para toda la familia, prácticas que no necesariamente coinciden con los protocolos de seguridad alimentaria avalados por la evidencia científica actual. Actualizar esos hábitos no implica renunciar a la cocina tradicional, sino adaptarla con criterios de higiene más rigurosos.

El acceso a información clara y en español sobre manipulación segura de alimentos también resulta clave en hogares donde conviven distintas generaciones y donde, muchas veces, quienes cocinan no han tenido acceso a capacitación formal en seguridad alimentaria. Organismos como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) publican guías gratuitas orientadas específicamente a facilitar estas prácticas en el hogar.

Adoptar cambios simples —tablas separadas, evitar lavar la carne, ordenar correctamente el refrigerador y lavar los utensilios entre usos— no requiere inversión económica significativa ni modificar por completo la rutina en la cocina. Se trata, según los especialistas, de ajustes de conducta que, sostenidos en el tiempo, reducen de manera considerable el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos sin alterar el sabor ni la esencia de las recetas familiares.

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