Desinformación en redes agrava la angustia tras el terremoto en Colombia
Videos falsos sobre rescates con vida circularon en redes sociales luego del sismo de magnitud 7,4 que sacudió Colombia, generando confusión y dolor entre familiares de víctimas.

Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió a Colombia en la madrugada del lunes 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, dejando estructuras colapsadas y a numerosas personas atrapadas bajo los escombros. En medio del caos y la urgencia por encontrar sobrevivientes, las redes sociales se convirtieron en un canal clave para difundir información sobre el desastre, pero también en un terreno fértil para la desinformación.
En las horas posteriores al sismo, varios influencers colombianos compartieron en sus perfiles videos que mostraban, según afirmaban, el rescate con vida de personas atrapadas entre los restos de edificios derrumbados. Estas publicaciones se viralizaron rápidamente, generando esperanza en miles de usuarios que seguían de cerca la situación de sus familiares y conocidos en las zonas afectadas.
Sin embargo, pronto se supo que gran parte de esa información era falsa: muchas de las personas presentadas como rescatadas con vida en realidad habían muerto. La discrepancia entre lo difundido en redes y la realidad de los hechos provocó una ola de indignación y angustia entre la población, que denunció la falta de rigor y la irresponsabilidad de quienes compartieron ese contenido sin verificarlo.
La polémica escaló al punto de convertirse en tema central de un nuevo episodio del segmento Des-Informando, de France 24, dedicado a analizar cómo se propagan noticias falsas en momentos de crisis y qué consecuencias tiene esto para las comunidades afectadas. El programa puso el foco en la responsabilidad de los creadores de contenido a la hora de manejar información sensible durante emergencias.

Este tipo de episodios no es nuevo: la desinformación durante catástrofes naturales se ha vuelto un fenómeno recurrente en la era de las redes sociales. Terremotos, huracanes e inundaciones suelen ir acompañados de una oleada paralela de contenido no verificado, que incluye desde cifras infladas de víctimas hasta videos sacados de contexto o directamente fabricados, muchas veces con el objetivo de generar clics, seguidores o notoriedad.
El fenómeno resulta especialmente delicado cuando se trata de la vida y la muerte de personas reales. Familias que esperan noticias de sus seres queridos pueden pasar de la esperanza a la desesperación en cuestión de minutos, dependiendo de un video que circula sin confirmación oficial. Esta montaña rusa emocional agrava el sufrimiento colectivo en comunidades que ya atraviesan el trauma de un desastre natural.
Para la comunidad latina, tanto en la región como en Estados Unidos, este tipo de episodios tiene un peso particular. Muchos migrantes siguen de cerca lo que ocurre en sus países de origen a través de redes sociales, y dependen de esa información para saber si sus familias están a salvo. La proliferación de contenido falso en momentos de crisis puede generar pánico innecesario o, peor aún, falsas certezas que retrasan la búsqueda de ayuda real.
Expertos en comunicación de crisis suelen recomendar que, ante catástrofes de esta magnitud, la población recurra a fuentes oficiales como organismos de gestión de riesgos, bomberos y autoridades locales, en lugar de basarse en publicaciones de individuos sin capacidad de verificación. Las plataformas de redes sociales, por su parte, enfrentan cada vez más presión para moderar contenido sensible relacionado con desastres naturales en tiempo real.
El caso colombiano se suma a una larga lista de ejemplos donde la velocidad de las redes sociales superó la capacidad de verificación de los hechos, dejando en evidencia la necesidad de una mayor alfabetización mediática entre los usuarios. La discusión que plantea Des-Informando busca justamente visibilizar estas prácticas y promover un consumo más crítico de la información que circula en momentos de emergencia.

