El ingenioso sistema inca que transformó las inundaciones de El Niño en fertilidad para la costa peruana
Arqueólogos identificaron una red de canales en la Pampa de Mocán que combinaba el agua de los ríos con las crecidas extraordinarias del fenómeno climático, depositando sedimentos que enriquecían los suelos desérticos del valle del Jequetepeque.

Un hallazgo arqueológico en el norte de Perú revela hasta qué punto las civilizaciones prehispánicas lograron convivir con uno de los fenómenos climáticos más disruptivos del planeta. Investigadores identificaron una compleja red de canales en la Pampa de Mocán, ubicada en pleno valle del Jequetepeque, que habría sido diseñada por los incas para aprovechar las inundaciones extraordinarias provocadas por El Niño en lugar de sufrirlas como una simple catástrofe.
Según el análisis de los especialistas, este sistema hidráulico no se limitaba a canalizar el caudal normal de los ríos de la región. Su diseño permitía además integrar el exceso de agua que llegaba durante los episodios de El Niño, cuando las lluvias torrenciales multiplican el volumen de los cursos fluviales de la costa norperuana muy por encima de sus niveles habituales.
La clave del sistema estaba en su capacidad para conducir esas aguas extraordinarias hacia los campos de cultivo de manera controlada. Al hacerlo, los canales depositaban sedimentos ricos en nutrientes sobre un suelo que, en condiciones normales, es predominantemente desértico y de baja fertilidad natural, transformando una amenaza climática en un insumo agrícola valioso.
Este mecanismo permitía a las comunidades andinas obtener un beneficio adicional de un fenómeno que, en la mayoría de los casos históricos, se asocia únicamente con destrucción de infraestructura, pérdida de cultivos y desplazamiento de poblaciones. La ingeniería hidráulica incaica convertía así el riesgo en una oportunidad productiva recurrente.

Para entender la magnitud de este logro es necesario recordar qué es exactamente El Niño. Se trata de un fenómeno climático cíclico que se origina en el océano Pacífico, cuando las aguas superficiales se calientan por encima de lo normal frente a las costas de Perú y Ecuador. Sus efectos alteran los patrones de lluvia en buena parte de América Latina y también repercuten en el clima de regiones de Estados Unidos, especialmente en el sur y el suroeste del país.
En la costa peruana, El Niño suele traducirse en lluvias intensas y crecidas súbitas de ríos que normalmente son de caudal escaso, lo que históricamente generó destrozos en caminos, viviendas y sistemas de cultivo. Que una civilización antigua haya logrado convertir ese mismo fenómeno en una herramienta de fertilización agrícola habla de un conocimiento empírico muy sofisticado sobre los ciclos climáticos y el comportamiento del agua.
El Imperio incaico es reconocido por sus avances en ingeniería agrícola e hidráulica, con ejemplos como los andenes de cultivo en laderas montañosas o los sistemas de irrigación en los Andes centrales. El hallazgo en la Pampa de Mocán se suma a ese legado y demuestra que estas técnicas no se limitaban a la sierra, sino que también se adaptaban a las particularidades del desierto costero.
Este tipo de descubrimientos tiene relevancia que trasciende lo estrictamente histórico. En un contexto de cambio climático, donde los fenómenos de El Niño podrían intensificarse en frecuencia o magnitud según distintos estudios científicos, comprender cómo las sociedades del pasado gestionaron el exceso de agua de manera productiva ofrece pistas valiosas para el diseño de estrategias agrícolas y de manejo hídrico en la actualidad.
Para las comunidades agrícolas de América Latina, muchas de ellas con población de raíz indígena y vínculos familiares con comunidades latinas en Estados Unidos, este tipo de hallazgos también refuerza el valor del conocimiento ancestral como fuente de soluciones frente a los desafíos climáticos contemporáneos, más allá de su interés puramente arqueológico o turístico.
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