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El trauma de Panamá: por qué Colombia sigue de espaldas a sus islas caribeñas

La escritora Cristina Bendek explora en su libro "Las pérdidas" cómo la separación de Panamá en 1903 dejó una marca profunda en la política exterior colombiana, con consecuencias directas sobre San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Redacción Diario Latina · 4 de septiembre de 20264 min de lectura
El trauma de Panamá: por qué Colombia sigue de espaldas a sus islas caribeñas

La escritora colombiana Cristina Bendek presentó su libro "Las pérdidas", una obra que indaga en las heridas históricas y territoriales de Colombia a partir de la experiencia de las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, un archipiélago caribeño con una identidad cultural propia, distinta a la del resto del país.

Según plantea Bendek, la separación de Panamá en 1903, cuando esa provincia se independizó con el respaldo de Estados Unidos para permitir la construcción del canal interoceánico, dejó una marca tan profunda en la psiquis nacional colombiana que derivó en una suerte de paranoia territorial frente al Caribe. Esa pérdida, sostiene la autora, condicionó durante más de un siglo la manera en que Bogotá se relaciona con sus posesiones insulares.

El resultado, según la tesis del libro, fue un aislacionismo hacia la región caribeña que impidió a Colombia aprovechar su potencial posición como puente entre Centroamérica, el Caribe insular y Suramérica. En lugar de proyectarse como un actor relevante en esa zona, el país habría optado por una postura defensiva, más preocupada por resguardar la soberanía que por integrarse económica y culturalmente con sus vecinos caribeños.

San Andrés, Providencia y Santa Catalina ocupan un lugar particular en ese análisis: se trata de territorios geográficamente más cercanos a Nicaragua y Centroamérica que al territorio continental colombiano, habitados históricamente por la comunidad raizal, de origen afrocaribeño y angloparlante, con tradiciones, religión y lengua propias que los diferencian del resto de Colombia.

Para entender el peso de este debate conviene recordar el contexto histórico: la separación de Panamá en 1903 fue percibida en Colombia como una humillación nacional, alimentada por la intervención de Washington en apoyo a la independencia panameña. Ese episodio quedó instalado en la memoria colectiva y en los manuales escolares como una advertencia permanente sobre el riesgo de perder más territorio frente a potencias extranjeras.

Ese temor tuvo consecuencias concretas décadas después en el propio archipiélago que retrata Bendek. Colombia mantuvo durante años un litigio con Nicaragua por la soberanía y los límites marítimos en torno a San Andrés, un conflicto que llegó a instancias como la Corte Internacional de Justicia de La Haya y que reforzó en Bogotá la lógica de defender el territorio antes que integrarlo plenamente a las dinámicas regionales.

Esa tensión entre soberanía y desarrollo tiene efectos muy concretos en la vida cotidiana de los isleños: dependencia económica del turismo continental, tensiones por el control migratorio interno que limita la llegada de colombianos del interior, y reclamos históricos de la población raizal por mayor autonomía política y cultural frente al Estado central.

El libro de Bendek se inscribe en una tradición literaria y periodística que busca visibilizar realidades del Caribe colombiano muchas veces ignoradas desde el centro del país. La autora, oriunda de San Andrés, ha explorado en trabajos anteriores temas similares vinculados a la identidad raizal y a la relación, a veces conflictiva, entre el archipiélago y el Estado colombiano.

El planteo de fondo conecta con un debate más amplio sobre el rol que Colombia podría jugar en el Caribe si superara esa lógica de repliegue: una posición geográfica estratégica, vínculos culturales con naciones angloparlantes de la región y un archipiélago con potencial turístico y comercial que, según la tesis del libro, sigue subutilizado por decisiones políticas heredadas de un trauma de más de un siglo.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, muchos de cuyos integrantes tienen raíces caribeñas o centroamericanas, este tipo de reflexiones históricas ayuda a comprender por qué ciertas regiones de América Latina, pese a su cercanía geográfica y cultural con el mundo caribeño angloparlante, han mantenido vínculos más débiles con esa zona que con sus propios centros continentales de poder.

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