Experta en desastres advierte que Venezuela enfrenta una reconstrucción sin precedentes tras los terremotos
Susana Raffalli, especialista con más de veinte años en asistencia humanitaria, sostiene que la magnitud del daño en Venezuela supera lo que ha visto en otras crisis y exige una respuesta estatal, no solo de ONG y voluntarios.

La especialista venezolana Susana Raffalli, con una trayectoria de más de dos décadas en el terreno de la asistencia humanitaria internacional, lanzó una advertencia contundente sobre la magnitud de la devastación provocada por los recientes terremotos en Venezuela. Según su testimonio, la escala del daño observado no tiene comparación con otras catástrofes en las que ha trabajado, incluyendo crisis de gran envergadura como las de Haití y Pakistán, dos de los países que en las últimas décadas sufrieron algunos de los sismos más devastadores del mundo.
Raffalli, reconocida por su labor en organismos de ayuda humanitaria y por su seguimiento constante de la crisis social venezolana, remarcó que la respuesta a este tipo de desastres no puede quedar en manos exclusivamente de organizaciones no gubernamentales ni de voluntarios independientes. Para la experta, la reconstrucción de la infraestructura, las viviendas y los servicios básicos afectados requiere necesariamente de la intervención directa y sostenida del Estado venezolano, dado que la envergadura del problema excede la capacidad operativa de cualquier iniciativa privada o comunitaria.
El diagnóstico de Raffalli pone el foco en un aspecto central de cualquier proceso de recuperación posdesastre: la diferencia entre la asistencia de emergencia inmediata y la reconstrucción a mediano y largo plazo. Mientras la primera puede ser cubierta parcialmente por brigadas de rescate, donaciones y trabajo solidario, la segunda exige planificación urbana, recursos financieros de gran escala, coordinación institucional y capacidad técnica que, según advierte la experta, solo un aparato estatal robusto puede sostener en el tiempo.
Resulta relevante contextualizar que Venezuela atraviesa desde hace años una crisis económica e institucional profunda, marcada por la migración masiva, el deterioro de servicios públicos y las limitaciones presupuestarias del gobierno. Este escenario previo complica cualquier esfuerzo de reconstrucción, ya que las capacidades estatales que en otros países se activan tras un desastre natural podrían encontrarse debilitadas o insuficientes en el caso venezolano, lo que agrava el desafío que describe Raffalli.

La comparación con Haití no es casual: ese país caribeño sigue arrastrando secuelas del terremoto de 2010, uno de los más letales de la historia reciente, y buena parte de su reconstrucción quedó trunca por la debilidad institucional y la dependencia excesiva de la ayuda internacional. Pakistán, por su parte, enfrentó en 2005 un sismo de gran magnitud en la región de Cachemira, cuya recuperación también evidenció las dificultades de coordinar esfuerzos humanitarios sin un Estado capaz de sostener el proceso en el tiempo.
Para la comunidad latinoamericana y para los millones de venezolanos que hoy viven fuera de su país, entre ellos una parte significativa de la diáspora radicada en Estados Unidos, este tipo de advertencias resuenan con particular fuerza. Muchos migrantes mantienen lazos familiares y económicos con comunidades afectadas, y dependen de información confiable para entender qué tipo de ayuda resulta efectiva y qué necesidades estructurales no pueden resolverse solo con remesas o colectas solidarias.
El trabajo de expertas como Raffalli también pone en discusión el rol de los organismos internacionales y las agencias de cooperación en contextos donde el gobierno local enfrenta cuestionamientos sobre su capacidad o voluntad de gestión. La tensión entre la ayuda externa y la respuesta estatal es un debate recurrente en la gestión de desastres naturales, especialmente en países con gobiernos debilitados institucionalmente o con relaciones complejas con la comunidad internacional.
En términos generales, la gestión de desastres naturales de gran escala suele dividirse en etapas: la respuesta inmediata de rescate y asistencia, la fase de recuperación temprana con restablecimiento de servicios básicos, y finalmente la reconstrucción de largo plazo, que puede extenderse por años e incluso décadas. Cada una de estas etapas requiere recursos y actores distintos, y la falta de planificación en cualquiera de ellas suele traducirse en un agravamiento de las condiciones de vulnerabilidad de las poblaciones afectadas.
El planteo de Raffalli funciona, en definitiva, como un llamado de atención sobre la necesidad de que las autoridades venezolanas asuman un rol protagónico en la etapa que sigue a la emergencia inicial. Su advertencia busca evitar que la magnitud real del desastre quede subestimada o que la responsabilidad de la reconstrucción recaiga de manera desproporcionada sobre actores que, pese a su buena voluntad, no cuentan con los recursos ni el mandato institucional para resolver un problema de esta escala.
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