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Cultura Pop

Falleció Yayoi Kusama, la artista de los lunares infinitos, a los 97 años

La creadora japonesa, célebre por transformar los puntos de colores en un sello universal del arte contemporáneo, murió a los 97 años dejando una obra que marcó récords de ventas y multitudes en museos de todo el mundo.

Redacción Diario Latina · 28 de agosto de 20263 min de lectura
Falleció Yayoi Kusama, la artista de los lunares infinitos, a los 97 años

La artista japonesa Yayoi Kusama murió a los 97 años, según confirmaron medios internacionales, cerrando así una de las trayectorias más influyentes del arte contemporáneo mundial. Su nombre quedó indisolublemente ligado a los lunares, un motivo que repitió durante décadas hasta convertirlo en su firma inconfundible y en uno de los símbolos visuales más reconocibles del arte actual.

Sus instalaciones y pinturas, cargadas de color y repetición, lograron algo poco común en el circuito artístico: atraer a multitudes que hacían largas filas para ingresar a sus muestras. Las llamadas 'Infinity Rooms', salas espejadas con luces que generaban la sensación de un universo infinito de puntos, se transformaron en fenómenos masivos, tanto entre coleccionistas como entre visitantes que buscaban la experiencia como quien busca un ritual visual.

Kusama también dejó una marca en el mercado del arte al alcanzar algunos de los precios más altos jamás pagados por la obra de una artista mujer en subastas internacionales. Ese dato no es menor en un ámbito históricamente dominado por hombres, y consolidó su lugar como una de las figuras más cotizadas y estudiadas del arte vivo en las últimas décadas.

Nacida en Japón, Kusama construyó una carrera que atravesó guerras culturales, cambios de escena artística entre Tokio y Nueva York, y una obra profundamente personal vinculada a su salud mental, sobre la que habló abiertamente a lo largo de los años. Sus lunares, lejos de ser un simple recurso decorativo, funcionaban como una forma de procesar visiones y sensaciones que ella misma describía como parte de su experiencia interior.

Para entender la dimensión de su legado conviene recordar el contexto en el que emergió: en la segunda mitad del siglo XX, el arte contemporáneo estaba dominado en gran medida por figuras masculinas y por movimientos surgidos en Europa y Estados Unidos. Kusama, como mujer y como artista japonesa migrante en Nueva York, tuvo que abrirse camino en un ambiente que no siempre valoraba su trabajo, hasta lograr un reconocimiento tardío pero contundente.

Ese reconocimiento se profundizó especialmente en las últimas dos décadas, cuando museos de Estados Unidos, Europa y América Latina organizaron retrospectivas multitudinarias de su obra. La popularidad de sus instalaciones inmersivas coincidió además con el auge de las redes sociales, donde sus salas de espejos y luces se volvieron un ícono fotografiable, ampliando su alcance a públicos jóvenes que quizás no tenían un vínculo previo con el arte contemporáneo.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, el fenómeno Kusama también tuvo un correlato concreto: museos en ciudades con fuerte presencia hispana, como Miami, Los Ángeles o Nueva York, incluyeron sus obras en exhibiciones que se volvieron eventos culturales de referencia, atrayendo tanto a aficionados al arte como a familias en busca de una salida cultural accesible y visualmente impactante.

Su legado no se limita a la pintura y la instalación: Kusama también incursionó en la escultura, la literatura y las colaboraciones con marcas de moda de alcance global, lo que amplió su influencia más allá del circuito estrictamente artístico y la convirtió en una figura de la cultura popular contemporánea, reconocible incluso para quienes no siguen de cerca el mundo del arte.

Con su muerte, el arte contemporáneo pierde a una de sus figuras más singulares y a la vez más populares, capaz de combinar profundidad conceptual con un atractivo masivo poco frecuente. Sus obras seguirán exhibiéndose en museos de todo el mundo, y se espera que en los próximos meses se multipliquen los homenajes y las muestras dedicadas a repasar una carrera que transformó los lunares en un lenguaje artístico universal.

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