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La mujer que sin saberlo alquiló un departamento a dos secuestradores del 11-S rompe el silencio

Casi 24 años después de los atentados, la ciudadana que arrendó una vivienda a dos miembros de al Qaeda habla por primera vez en público y relata cómo fue engañada por sus inquilinos.

Redacción Diario Latina · 5 de septiembre de 20263 min de lectura
La mujer que sin saberlo alquiló un departamento a dos secuestradores del 11-S rompe el silencio

Por primera vez desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, la mujer que alquiló un apartamento a dos de los terroristas que participaron en la operación decidió contar su historia en una entrevista exclusiva con la BBC. Durante casi dos décadas evitó hablar públicamente sobre el episodio, pero ahora rompió el silencio para explicar cómo fue que, sin sospechar nada, terminó rentando una vivienda a integrantes de al Qaeda.

En su testimonio, la mujer describió el proceso de alquiler como algo completamente normal en su momento: dos hombres que se presentaron como estudiantes o profesionales en tránsito, con un comportamiento que no despertó ninguna alarma. 'Me creí todo lo que me dijeron', confesó, resumiendo la sensación de haber sido utilizada como parte de una logística que ella desconocía por completo.

El relato cobra relevancia porque permite reconstruir, desde una perspectiva íntima y hasta ahora inédita, cómo los responsables de uno de los atentados más letales de la historia moderna se movían con normalidad aparente en la vida cotidiana estadounidense mientras planificaban el ataque. La mujer explicó que, al enterarse de la identidad real de sus inquilinos tras los atentados, su vida cambió de manera abrupta.

Según su testimonio, el impacto psicológico de descubrir que había tenido un vínculo directo, aunque involuntario, con los autores del ataque fue profundo y duradero. Cargar con esa relación, aunque fuera fruto del engaño, la llevó a evitar durante años cualquier exposición pública o mediática vinculada al hecho.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un antes y un después en la historia contemporánea. Los secuestros simultáneos de cuatro aviones comerciales por parte de un grupo de terroristas de al Qaeda provocaron la muerte de casi 3.000 personas en Nueva York, Washington D.C. y Pensilvania, y derivaron en la llamada 'guerra contra el terrorismo' que reconfiguró la política exterior de Estados Unidos durante las dos décadas siguientes.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, aquel día también dejó una huella profunda: cientos de trabajadores hispanos, muchos de ellos empleados en restaurantes, servicios de limpieza y seguridad en el World Trade Center, se encontraban entre las víctimas. Además, los atentados endurecieron las políticas migratorias y de seguridad fronteriza que en los años posteriores afectaron de manera directa a millones de inmigrantes latinoamericanos.

Testimonios como el de esta mujer resultan valiosos porque humanizan un episodio que suele analizarse desde la política internacional o la seguridad nacional, y lo trasladan al plano de la vida cotidiana: la de alguien que, sin saberlo, tuvo un rol periférico en la logística de un ataque que cambió al mundo. Historias similares de personas comunes que cruzaron caminos con los terroristas sin sospechar nada han emergido de manera esporádica a lo largo de los años, aunque pocas veces con el nivel de detalle que ofrece esta entrevista.

La decisión de hablar ahora, más de dos décadas después, también refleja un fenómeno más amplio: a medida que pasa el tiempo, muchos testigos indirectos de los atentados sienten mayor libertad para compartir sus experiencias sin el peso inmediato del duelo colectivo y el escrutinio mediático que dominó los primeros años posteriores a la tragedia.

El testimonio se suma a un archivo cada vez más amplio de relatos personales que buscan preservar la memoria histórica del 11-S desde ángulos poco explorados, aportando matices sobre cómo operaron los responsables del ataque y cómo su presencia pasó inadvertida para quienes los rodeaban en el día a día.

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