La princesa noruega que nunca será reina: la historia detrás de la ley que dejó fuera a Marta Luisa
Pese a ser la hija mayor del rey Harald V, Marta Luisa de Noruega quedó fuera de la línea de sucesión por una ley vigente al momento de su nacimiento. Su hermano menor, Haakon, es quien acaba de asumir el trono.

La familia real de Noruega volvió a ser noticia tras la reciente sucesión al trono, un proceso que dejó en evidencia una particularidad histórica poco conocida fuera de Escandinavia: Marta Luisa, la hija mayor del rey Harald V, nunca podrá convertirse en reina, a pesar de haber nacido antes que su hermano menor.
El motivo no tiene que ver con decisiones personales ni con renuncias voluntarias, sino con una cuestión estrictamente legal. Cuando Marta Luisa nació, en 1971, la ley de sucesión noruega vigente en ese momento establecía la primacía masculina absoluta, un sistema que privilegiaba a los varones sobre las mujeres sin importar el orden de nacimiento dentro de la familia real.
Años más tarde, en 1990, Noruega reformó su Constitución para adoptar la primogenitura absoluta, un sistema donde el hijo o hija mayor hereda el trono sin distinción de sexo. Sin embargo, esa modificación no fue retroactiva, por lo que no alcanzó a Marta Luisa, que para entonces ya había quedado relegada en la línea sucesoria en favor de su hermano menor, el príncipe Haakon.
Fue justamente Haakon quien en los últimos días asumió formalmente como nuevo monarca noruego, consolidando un proceso de sucesión que estaba previsto desde hace años y que responde tanto a cuestiones de edad como a esta particularidad legal que benefició al varón de la familia por sobre su hermana mayor.
Marta Luisa, de todos modos, es una figura mediática por derecho propio en Noruega y en buena parte de Europa. Se la conoce popularmente como la princesa "clarividente", un apodo que surgió luego de que ella misma se presentara públicamente como una persona con capacidades espirituales especiales, vinculadas a la comunicación con ángeles y a distintas prácticas de sanación alternativa.

Su perfil se volvió aún más llamativo por su relación sentimental con Durek Verrett, un autoproclamado chamán estadounidense con quien contrajo matrimonio. La pareja ha estado en el centro de la polémica en Noruega en más de una ocasión, tanto por sus creencias como por emprendimientos comerciales vinculados al bienestar espiritual, lo que llevó a Marta Luisa a renunciar a ciertas funciones oficiales de representación de la Casa Real para evitar conflictos entre su vida pública y sus actividades privadas.
El caso noruego no es una excepción en Europa. Varias monarquías del continente mantuvieron durante décadas leyes de sucesión basadas en la preferencia masculina, y solo en las últimas décadas comenzaron a modificarlas para garantizar la igualdad de género en el acceso al trono. Suecia, por ejemplo, fue pionera al establecer la primogenitura absoluta en 1980, mientras que países como España o el Reino Unido mantuvieron sistemas híbridos o realizaron cambios más recientes y con distintos grados de retroactividad.
Estas reformas suelen generar debates similares al noruego: qué hacer con quienes ya habían nacido bajo el régimen anterior y quedaron en desventaja frente a hermanos varones. En la mayoría de los casos, como ocurrió con Marta Luisa, las nuevas leyes no se aplicaron de manera retroactiva, por lo que las princesas mayores que sus hermanos varones quedaron definitivamente fuera de la línea directa al trono, aunque conservaron sus títulos y un lugar protocolar dentro de la familia real.
Más allá de lo estrictamente legal, la historia de Marta Luisa despierta interés en la comunidad hispanohablante y en medios de todo el mundo por la combinación poco habitual entre tradición monárquica, espiritualidad alternativa y un vínculo sentimental con una figura tan particular como un chamán estadounidense. Ese contraste entre la rigidez de las instituciones reales y la vida personal poco convencional de la princesa alimenta buena parte de la atención mediática que recibe.
Con la asunción de Haakon como nuevo rey, Noruega consolida un recambio generacional que estaba anunciado desde hace tiempo, mientras Marta Luisa continúa su vida pública alejada de las funciones oficiales más formales, pero manteniendo un perfil visible gracias a sus proyectos personales y a la curiosidad que despierta su historia dentro y fuera de Escandinavia.
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