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Pereira, un mes después: la ciudad colombiana convive con escombros y grietas tras el terremoto

A 30 días del sismo de 7,4 grados que sacudió el eje cafetero colombiano, Pereira todavía exhibe edificios demolidos y estructuras agrietadas en sus barrios más afectados.

Redacción Diario Latina · 10 de septiembre de 20264 min de lectura
Pereira, un mes después: la ciudad colombiana convive con escombros y grietas tras el terremoto

Un mes después del terremoto de 7,4 grados que sacudió el occidente de Colombia el pasado 10 de agosto, la ciudad de Pereira, capital del departamento de Risaralda, todavía muestra las heridas del desastre. Edificios demolidos, montañas de escombros sin retirar y fachadas agrietadas conviven con la vida cotidiana de una ciudad que intenta recuperar la normalidad.

El panorama fue relevado en el terreno por el enviado especial de France 24, Maxime Pluvinet, quien recorrió los sectores más castigados de la capital risaraldense. Según su relato, en varias zonas persisten las construcciones semiderruidas que aún no han sido intervenidas por las autoridades, un mes después de que el movimiento telúrico alterara la vida de miles de habitantes.

La comparación entre el antes y el después que ofrece el informe resulta elocuente: calles que antes lucían despejadas hoy conviven con bloques de concreto, varillas retorcidas y restos de mampostería que todavía esperan ser removidos. Los edificios que sufrieron daños estructurales severos y debieron ser demolidos dejaron cicatrices visibles en el paisaje urbano de Pereira.

Risaralda se encuentra en una de las regiones de mayor actividad sísmica de Colombia, dentro del llamado eje cafetero, una zona que históricamente ha registrado movimientos telúricos de consideración. La memoria colectiva de la región todavía guarda el recuerdo del terremoto de 1999, que devastó a la vecina Armenia y dejó un saldo de más de mil víctimas fatales, un antecedente que explica la sensibilidad social frente a cada nuevo sismo de magnitud relevante.

La reconstrucción de infraestructura urbana tras un sismo de esta magnitud suele ser un proceso lento y costoso, que involucra no solo la remoción de escombros sino también estudios técnicos para determinar qué estructuras pueden repararse y cuáles deben demolerse por completo. En muchas ciudades latinoamericanas con antecedentes sísmicos, este tipo de procesos se extiende durante meses o incluso años, especialmente cuando los recursos municipales y departamentales resultan insuficientes frente a la magnitud del daño.

El impacto de un terremoto de estas características trasciende lo material: afecta la actividad comercial, la confianza de los residentes en sus propias viviendas y la dinámica social de barrios enteros. En ciudades intermedias como Pereira, con una economía fuertemente ligada al comercio local y al turismo del eje cafetero, la recuperación de la infraestructura urbana es también una condición necesaria para sostener la actividad económica de la región.

Para la comunidad colombiana radicada en Estados Unidos, especialmente la proveniente de Risaralda, Quindío y Caldas —departamentos con una fuerte tradición migratoria hacia ciudades como Miami, Nueva York y Nueva Jersey—, este tipo de noticias suele generar un interés particular. Muchos migrantes mantienen lazos familiares y patrimoniales en la región, y el estado de la reconstrucción impacta directamente en decisiones sobre remesas, viajes y eventuales inversiones en propiedades locales.

El informe de France 24 pone el foco en un aspecto que suele quedar relegado en la cobertura internacional de catástrofes naturales: lo que ocurre después de que el hecho noticioso inicial pierde protagonismo mediático. Un mes después del sismo, la atención pública tiende a disminuir, aunque las tareas de reconstrucción recién comienzan y pueden demandar meses de trabajo sostenido por parte de las autoridades locales y nacionales.

El seguimiento periodístico en terreno, como el realizado por Pluvinet en Pereira, resulta clave para dimensionar el verdadero alcance de un desastre natural más allá de las primeras 72 horas. La persistencia de escombros y estructuras dañadas al cabo de treinta días es un indicador que suele utilizarse para evaluar la capacidad de respuesta institucional y la velocidad de los procesos de reconstrucción en contextos urbanos de mediana escala.

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