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Salinas de Cabo de Gata: la ruta que revela el mineral más antiguo de Almería entre paisajes de otro planeta

Una visita guiada por las salinas del parque natural almeriense permite conocer de cerca el proceso artesanal de cosecha de sal, mientras se atraviesa uno de los ecosistemas semidesérticos con mayor biodiversidad de Europa.

Redacción Diario Latina · 11 de septiembre de 20264 min de lectura
Salinas de Cabo de Gata: la ruta que revela el mineral más antiguo de Almería entre paisajes de otro planeta

En el extremo sureste de España, donde el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar despliega sus acantilados volcánicos y sus playas casi vírgenes, existe un rincón donde el paisaje cambia de color según la hora del día y la concentración de sal en el agua. Se trata de las salinas de Cabo de Gata, un entramado de balsas artificiales que desde hace siglos combina producción mineral con un ecosistema de humedales de valor excepcional.

Una visita guiada permite recorrer este espacio y comprender, paso a paso, cómo se extrae la sal mediante un método que apenas ha cambiado con el tiempo: el agua de mar se conduce por una serie de estanques donde se evapora progresivamente bajo el sol y el viento, hasta que el mineral cristaliza y puede ser cosechado a mano o con maquinaria ligera. El resultado son piletas de tonalidades que van del turquesa al rosa intenso, un fenómeno que da origen al llamado arcoíris de sal que caracteriza a la zona.

Ese cambio cromático no es un simple efecto estético: responde a la presencia de microorganismos y algas halófilas que proliferan en distintos niveles de salinidad, y que tiñen el agua de colores que van variando conforme avanza el proceso de evaporación. Cada balsa, según su concentración, alberga una comunidad biológica distinta, lo que convierte a las salinas en un laboratorio natural a cielo abierto.

El recorrido también es una puerta de entrada a la biodiversidad del parque, uno de los espacios protegidos más singulares del Mediterráneo europeo por su condición semidesértica. Es habitual que los visitantes puedan avistar flamencos y otras aves acuáticas que utilizan las salinas como zona de alimentación y descanso durante sus rutas migratorias, en un contraste llamativo entre la actividad industrial artesanal y la vida silvestre.

Cabo de Gata fue declarado parque natural en 1987 y años más tarde reconocido como Reserva de la Biosfera por la Unesco, un estatus que reconoce el equilibrio logrado entre la explotación tradicional de recursos y la conservación ambiental. Las salinas, en particular, integran la lista de humedales protegidos por el Convenio Ramsar, un tratado internacional que identifica los ecosistemas acuáticos de mayor relevancia ecológica del planeta.

La producción de sal en esta zona de Almería tiene raíces que se remontan a la época fenicia y romana, cuando el mineral era un bien estratégico para la conservación de alimentos, especialmente el pescado. Con el correr de los siglos, la actividad se mantuvo casi artesanal, resistiendo la industrialización masiva que transformó otras salinas europeas, lo que hoy constituye parte de su atractivo turístico y patrimonial.

Para la creciente demanda de turismo sostenible y experiencial —una tendencia que también gana terreno entre viajeros latinoamericanos y latinos de Estados Unidos que buscan destinos europeos alternativos a los circuitos masivos—, este tipo de recorridos ofrece algo distinto: una combinación de historia productiva, paisaje singular y observación de fauna, lejos de las postales convencionales de sol y playa que suelen asociarse a España.

El interés por experiencias de turismo regenerativo, donde el visitante aprende sobre procesos productivos tradicionales y su impacto ambiental, viene creciendo en el segmento de viajeros de alto poder adquisitivo, que valora cada vez más el componente educativo y de autenticidad por sobre el consumo masivo. Andalucía, con Cabo de Gata como uno de sus emblemas naturales, se ha posicionado en ese nicho gracias a la combinación de patrimonio geológico, gastronomía local y espacios protegidos de acceso limitado.

Las visitas guiadas a las salinas suelen organizarse en pequeños grupos y a horarios específicos para minimizar el impacto sobre la fauna, especialmente durante los períodos de nidificación de aves. Esta gestión cuidada del flujo de visitantes es parte de la estrategia de conservación que ha permitido que el parque mantenga su equilibrio ecológico pese al creciente interés turístico que despierta cada temporada.

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