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Un oso polar curioso y una ardilla con suerte: así son los finalistas al Fotógrafo de Vida Silvestre del Año

El Museo de Historia Natural de Londres reveló las imágenes que recibieron menciones honoríficas en su prestigioso concurso anual, entre ellas la de un oso polar captada por el noruego Audun Rikardsen.

Redacción Diario Latina · 28 de agosto de 20264 min de lectura
Un oso polar curioso y una ardilla con suerte: así son los finalistas al Fotógrafo de Vida Silvestre del Año

El Museo de Historia Natural de Londres dio a conocer un nuevo grupo de imágenes destacadas dentro de su concurso anual de fotografía de naturaleza, uno de los certámenes más prestigiosos del mundo en la materia. Entre las obras que recibieron una mención honorífica este año se encuentra una fotografía protagonizada por un oso polar, captada por el fotógrafo noruego Audun Rikardsen.

La imagen del oso polar llamó la atención por mostrar al animal en una actitud curiosa, acercándose al lente con una expresión que combina cercanía y misterio, algo poco habitual en un animal que suele ser esquivo y difícil de retratar en su hábitat natural. Rikardsen, reconocido por su trabajo documentando fauna en regiones árticas, logró capturar un instante que refleja tanto la fragilidad como la majestuosidad de una especie cada vez más afectada por el cambio climático.

Además del oso polar, entre las imágenes premiadas con mención honorífica se destacó la fotografía de una ardilla, cuya escena fue descrita como un golpe de suerte fotográfico: un momento fugaz e inesperado que el fotógrafo logró capturar en el instante justo. Este tipo de tomas, que dependen tanto de la paciencia como del azar, suelen ser las que más entusiasman a los jurados de este tipo de concursos, porque combinan técnica con un componente de espontaneidad difícil de repetir.

El certamen organizado por el Museo de Historia Natural de Londres es uno de los más antiguos y respetados del mundo en fotografía de vida silvestre, y cada año recibe miles de postulaciones de fotógrafos profesionales y aficionados de distintos continentes. Las menciones honoríficas, como las otorgadas este año a estas dos imágenes, no forman parte del premio principal, pero sí integran la selección final que el museo exhibe y difunde como parte de las obras más destacadas de la temporada.

Este tipo de concursos cumple un rol que va más allá de lo estético: la fotografía de naturaleza funciona como una herramienta de conservación y de sensibilización pública sobre el estado de los ecosistemas y las especies en riesgo. Muchas de las imágenes que año tras año reciben reconocimiento documentan comportamientos poco vistos de animales salvajes, o bien retratan de forma directa los efectos del calentamiento global, la pérdida de hábitat y la contaminación sobre la fauna.

En el caso particular de los osos polares, su presencia recurrente en este tipo de certámenes no es casual: la especie se ha convertido en un símbolo global de las consecuencias del derretimiento del hielo ártico, un fenómeno que reduce cada vez más su territorio de caza y pone en jaque su supervivencia a largo plazo. Fotografías como la de Rikardsen contribuyen a mantener viva la atención internacional sobre esta problemática, más allá de los reportes científicos y las estadísticas oficiales.

Para la comunidad latina en Estados Unidos y en América Latina, este tipo de noticias también tiene un eco particular, ya que la región alberga una biodiversidad extraordinaria, desde la Amazonía hasta los bosques templados del sur del continente, muchos de cuyos paisajes y especies también han sido protagonistas en ediciones anteriores de este mismo concurso. La difusión de estas imágenes suele inspirar a nuevas generaciones de fotógrafos latinoamericanos a documentar la riqueza natural de sus propios países.

El fallo final del concurso, con el ganador absoluto de la categoría Fotógrafo de Vida Silvestre del Año, suele anunciarse en una ceremonia especial organizada por el museo londinense, donde se exhiben todas las imágenes seleccionadas, incluidas las menciones honoríficas. Estas exposiciones luego recorren distintas ciudades del mundo, permitiendo que el público general pueda apreciar de cerca el trabajo de los fotógrafos participantes.

Más allá del reconocimiento individual que reciben los autores de las imágenes, el certamen refuerza cada edición la importancia de la fotografía como puente entre la ciencia, el arte y la conciencia ambiental, en un contexto donde la crisis climática y la pérdida de biodiversidad son temas cada vez más presentes en la agenda global.

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