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Vida en USA

Un profesor jubilado en Cuba sobrevive lavando ollas a mano ante la crisis económica

Un antiguo educador cubano relató cómo se gana la vida limpiando calderos y sartenes sin ayuda de máquinas, mientras lidia con problemas de salud y el elevado costo del carbón necesario para cocinar.

Redacción Diario Latina · 2 de septiembre de 20263 min de lectura
Un profesor jubilado en Cuba sobrevive lavando ollas a mano ante la crisis económica

En medio de la profunda crisis económica que atraviesa Cuba, un antiguo docente encontró en el oficio manual de limpiar ollas y sartenes una forma de subsistencia. El hombre, que dedicó buena parte de su vida a la enseñanza, hoy pasa horas frotando calderos ennegrecidos por el uso del carbón, sin contar con ningún tipo de maquinaria que le facilite la tarea.

Según su propio relato, la falta de recursos lo llevó a tomar una decisión difícil: "me debato entre la comida y los medicamentos", expresó, dejando en evidencia el dilema cotidiano que enfrentan miles de personas mayores en la isla, obligadas a elegir entre alimentarse o costear sus tratamientos médicos.

El trabajo que realiza es enteramente manual y requiere de gran esfuerzo físico, algo que se vuelve más complicado si se tienen en cuenta los problemas de salud que el hombre arrastra. Aun así, continúa con esta labor día tras día, ya que representa una de las pocas alternativas de ingreso que tiene disponibles en un contexto de escasez generalizada.

Uno de los principales obstáculos que enfrenta es el alto precio del carbón, insumo indispensable tanto para que sus clientes cocinen como, indirectamente, para que generen la suciedad que él luego debe limpiar. El encarecimiento de este producto básico refleja la escalada inflacionaria que atraviesa Cuba, donde los precios de los combustibles y alimentos han aumentado de forma sostenida en los últimos años.

Este caso particular ilustra una realidad mucho más amplia: la de los adultos mayores cubanos que, tras haber trabajado toda su vida en profesiones formales como la docencia, se ven forzados a buscar changas o trabajos informales para complementar pensiones que resultan insuficientes frente al costo de vida actual. La jubilación en Cuba, en muchos casos, no alcanza para cubrir necesidades básicas como alimentación, medicamentos y servicios.

La crisis económica cubana se ha profundizado en los últimos años debido a una combinación de factores: la caída del turismo tras la pandemia, el impacto de las sanciones internacionales, la escasez de combustible y una inflación que erosiona el poder adquisitivo de los salarios y las pensiones. En ese escenario, la informalidad laboral creció de manera notable, y no es extraño encontrar a profesionales retirados —maestros, ingenieros, médicos— realizando tareas manuales o de servicios básicos para poder sobrevivir.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, especialmente para quienes tienen familiares en la isla, este tipo de historias resuenan de manera particular. Muchos cubanoamericanos sostienen económicamente a sus parientes a través de remesas, que se han convertido en un salvavidas fundamental para millones de familias que enfrentan la falta de acceso a alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad.

El fenómeno también pone de relieve la fragilidad de los sistemas de salud y de seguridad social en la isla, donde el acceso a medicamentos suele depender de mercados informales o de envíos desde el exterior, dado el desabastecimiento crónico que afecta a las farmacias y hospitales públicos.

Historias como esta, de personas que combinan oficios improvisados con problemas de salud no resueltos, se repiten en distintos rincones de Cuba y forman parte de un patrón que organizaciones y medios locales vienen documentando desde hace tiempo: el de una población envejecida que, sin redes de contención suficientes, debe reinventarse para cubrir sus necesidades más elementales.

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