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Vida en USA

"Vivo entre velas y baldes de agua": la rutina diaria de un joven cubano en medio del colapso energético

Un historiador del arte de La Habana relató a lo largo de una semana cómo los apagones prolongados, la falta de agua corriente y el transporte colapsado transformaron por completo su día a día.

Redacción Diario Latina · 2 de septiembre de 20264 min de lectura
"Vivo entre velas y baldes de agua": la rutina diaria de un joven cubano en medio del colapso energético

Durante siete días, un equipo de periodistas siguió de cerca la rutina de un joven historiador del arte que vive en La Habana, con el objetivo de entender de primera mano cómo la crisis energética que atraviesa Cuba desde hace meses reconfiguró por completo sus hábitos, sus planes y su relación con lo cotidiano. El testimonio permite asomarse a una realidad que, aunque conocida en términos generales, rara vez se cuenta en el detalle mínimo de una jornada normal.

El joven describió una vida marcada por la incertidumbre: no saber a qué hora se irá la luz, ni cuándo volverá, ni si el agua llegará por las cañerías o habrá que acarrearla en baldes desde algún punto del barrio. Esa imprevisibilidad, más que la escasez en sí, es lo que según relató termina siendo más agotador, porque impide organizar tareas tan simples como cocinar, estudiar o simplemente dormir con algo de aire fresco en las noches calurosas.

Los apagones prolongados, que en algunas zonas de la isla llegan a extenderse por más de doce horas diarias, obligan a improvisar soluciones cotidianas: cargar los teléfonos cuando hay electricidad para tener luz de emergencia por la noche, adelantar la cocción de alimentos a las franjas horarias en que el servicio está disponible y reorganizar la vida social y laboral en función de un cronograma que cambia constantemente.

El transporte público, otro de los pilares que se menciona como quebrado, se volvió un obstáculo diario para moverse dentro de la capital. La escasez de combustible y el deterioro de los ómnibus estatales hacen que trasladarse de un barrio a otro implique largas esperas, aglomeraciones y, muchas veces, caminatas de varios kilómetros como única alternativa viable.

Este relato personal se inscribe en un contexto más amplio: Cuba enfrenta desde 2023 una de las peores crisis energéticas de las últimas décadas, producto de la obsolescencia de sus plantas termoeléctricas, la falta de combustible importado y años de escasa inversión en mantenimiento de infraestructura. El gobierno cubano ha reconocido públicamente la gravedad de la situación y ha implementado esquemas de racionamiento eléctrico que varían según la región y la disponibilidad de generación.

A esto se suma una crisis económica estructural que combina inflación elevada, escasez de alimentos y medicamentos, y una migración masiva de cubanos —sobre todo jóvenes— hacia Estados Unidos y otros países de la región en los últimos años. Muchos migrantes citan justamente la falta de servicios básicos y las pocas perspectivas de mejora como la razón principal para dejar la isla.

Para la comunidad cubana en Estados Unidos, especialmente en ciudades como Miami, estos relatos cotidianos tienen un peso emocional particular: no se trata de estadísticas abstractas, sino de la vida diaria de familiares y amigos que siguen en la isla. Las llamadas telefónicas y videollamadas se han convertido, para muchos, en la principal vía para enterarse en tiempo real de cuándo hay luz y cuándo no en el barrio donde crecieron.

El testimonio del joven historiador también deja entrever un desgaste que va más allá de lo material: la frustración de ver postergados proyectos personales y profesionales por la falta de condiciones mínimas para trabajar, estudiar o simplemente descansar. Esa sensación de estancamiento, presente en su relato, es compartida por buena parte de una generación de cubanos que hoy debe decidir entre adaptarse a la escasez o buscar un futuro fuera del país.

El seguimiento periodístico de una semana completa en la vida de una sola persona busca, precisamente, poner rostro y cotidianidad a una crisis que suele explicarse solo en términos de cifras de generación eléctrica o barriles de petróleo. La experiencia de este joven en La Habana refleja, en pequeña escala, el impacto que la falta de servicios básicos tiene sobre millones de cubanos que hoy conviven con el apagón como parte de su rutina diaria.

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