A los 56 años y con 34 maratones en las piernas: la historia de superación que se volvió libro
Delfí Vilaseca corrió su primera maratón a los 46 años y desde entonces acumuló 34 carreras, una experiencia que plasmó en un libro solidario sobre esfuerzo, salud y equilibrio personal.

Delfí Vilaseca tiene 56 años y una historia que desafía la idea de que el deporte de alto esfuerzo tiene fecha de vencimiento. Vecino de Berga, en Cataluña, decidió a los 46 años correr su primera maratón, una edad en la que muchas personas empiezan a pensar en bajar el ritmo físico y no en sumar nuevos desafíos deportivos.
Desde aquel primer intento, Vilaseca no se detuvo: lleva corridas 34 maratones, una cifra que lo convierte en un referente para quienes creen que el running de largo aliento es territorio exclusivo de atletas jóvenes o profesionales. Cada carrera representó para él un aprendizaje distinto sobre el cuerpo, la mente y los límites personales.
Esa acumulación de experiencias lo llevó a volcar su testimonio en un libro solidario, en el que reflexiona sobre el esfuerzo físico, la salud y la superación personal. La obra no se centra únicamente en las estadísticas deportivas, sino en el proceso interior que atravesó para sostener una disciplina exigente durante casi una década.
Una de las frases que resume su filosofía sostiene que cuidarse no significa privarse de todo ni aislarse del mundo, sino encontrar un punto de equilibrio entre el disfrute y el bienestar. Para Vilaseca, la clave no está en la abstención total, sino en la gestión consciente de los hábitos diarios.

Su mensaje central, que se puede empezar a cualquier edad, cobra fuerza en un contexto donde cada vez más personas mayores de 40 y 50 años se suman a carreras de calle, medias maratones y maratones completos, un fenómeno que ha crecido de forma sostenida en los últimos años en distintas ciudades del mundo.
Este tipo de historias resuenan especialmente entre la comunidad latina en Estados Unidos, donde el sedentarismo y las enfermedades crónicas asociadas —como la diabetes tipo 2 y la hipertensión— afectan de manera desproporcionada a la población hispana según distintos estudios de salud pública. La actividad física regular, incluso iniciada en la adultez, se asocia a una reducción significativa de esos riesgos.
El running, en particular, se popularizó en las últimas dos décadas como una disciplina accesible: no requiere membresías costosas ni equipamiento sofisticado, y permite adaptarse a distintos niveles físicos mediante planes de entrenamiento progresivos. Esa accesibilidad explica en parte por qué maratones como los de Nueva York, Chicago o Boston reciben cada año a miles de corredores no profesionales, muchos de ellos mayores de 45 años.
Los especialistas en medicina deportiva suelen coincidir en que iniciar una rutina de entrenamiento de resistencia en la mediana edad, siempre con controles médicos previos, puede traer beneficios cardiovasculares, mejoras en la salud mental y un impacto positivo en la autoestima, sin necesidad de perseguir marcas competitivas.
La historia de Vilaseca se inscribe en esa tendencia más amplia: la de personas que descubren en el deporte de resistencia una herramienta de transformación personal tardía, alejada de la lógica de la juventud como único momento posible para el rendimiento físico. Su testimonio, además, suma un componente solidario a través de la publicación de su libro, vinculando el esfuerzo individual con una causa colectiva.
Te puede interesar

El "eye black": la historia detrás de la marca negra que llevan los jugadores de fútbol americano

La Federación Francesa de Fútbol le quita el apoyo a Infantino de cara a las elecciones de la FIFA en 2027
