A un mes del terremoto en el Pacífico colombiano, la emergencia revela una pobreza estructural que ya existía
Un recorrido de Médicos Sin Fronteras por Buenaventura, Quibdó y el Baudó, un mes después del sismo, concluye que la catástrofe no originó la precariedad de la región: la sacó a la luz y la agravó.

Un mes después del terremoto que sacudió el Pacífico colombiano, la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) realizó un recorrido por tres de las localidades más golpeadas: Buenaventura, Quibdó y el Baudó. La conclusión de la misión, encabezada por su jefa en el país, fue contundente: el sismo no creó las condiciones de vulnerabilidad que hoy se observan en la región, sino que las expuso con crudeza y las profundizó.
Buenaventura, el principal puerto sobre el océano Pacífico y uno de los enclaves económicos más relevantes de Colombia para el comercio exterior, convive desde hace años con brechas profundas en acceso a servicios básicos, salud y vivienda digna. Lo mismo ocurre en Quibdó, capital del departamento del Chocó, y en la subregión del Baudó, zonas históricamente relegadas en las políticas de inversión pública pese a su riqueza en biodiversidad y su peso estratégico en la geografía del país.
Según describió la misión de MSF, el paso del terremoto no hizo más que visibilizar ante la opinión pública una realidad que las comunidades locales enfrentan de manera cotidiana: infraestructura deficiente, dificultades de acceso a atención médica y un aislamiento geográfico que complica la respuesta ante cualquier emergencia. El fenómeno natural actuó, según esta lectura, como un amplificador de carencias preexistentes más que como el origen de una crisis nueva.
El Pacífico colombiano es una de las regiones con mayor población afrodescendiente e indígena del país, y también una de las más golpeadas históricamente por el conflicto armado, el narcotráfico y el abandono estatal. Esa combinación de factores ha derivado en indicadores socioeconómicos muy por debajo del promedio nacional, algo que organismos humanitarios internacionales vienen señalando desde hace años en sus informes sobre la zona.

Este contexto explica por qué, para especialistas en respuesta humanitaria, un desastre natural en territorios con alta vulnerabilidad previa suele tener efectos multiplicadores: la misma infraestructura que ya era insuficiente para la vida diaria se vuelve incapaz de sostener una emergencia, y las poblaciones que ya enfrentaban dificultades de acceso a salud, agua potable o vivienda quedan en una situación aún más crítica.
La presencia de Médicos Sin Fronteras en la región no es nueva. La organización tiene una larga trayectoria de trabajo en el Chocó y otras zonas del Pacífico colombiano, brindando atención médica y apoyo psicosocial a comunidades afectadas por el desplazamiento forzado y la violencia derivada del conflicto armado, lo que le otorga una perspectiva de largo plazo para evaluar el impacto real de una catástrofe como este terremoto.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, especialmente para quienes mantienen vínculos familiares o de origen con Colombia, este tipo de reportes cobra relevancia más allá de la coyuntura: pone en agenda la necesidad de sostener la cooperación internacional y la ayuda humanitaria hacia regiones que, aun sin estar en el foco mediático permanente, enfrentan condiciones estructurales de fragilidad que cualquier evento extremo puede agravar de manera repentina.
El desafío que plantea la misión de MSF no se limita a la respuesta inmediata ante el terremoto, sino a un llamado más amplio sobre la necesidad de inversión sostenida en infraestructura, salud y desarrollo social en el Pacífico colombiano. Sin ese acompañamiento estructural, advierten organismos humanitarios, cualquier próximo evento natural encontrará nuevamente un terreno fértil para convertirse en una crisis de mayor escala.
A un mes de ocurrido el sismo, la mirada de quienes trabajan sobre el terreno coincide en un punto: la reconstrucción no puede limitarse a reparar lo dañado por el terremoto, sino que debe abordar las causas de fondo que hacían de Buenaventura, Quibdó y el Baudó territorios especialmente expuestos incluso antes de que la tierra temblara.
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