Alemania tiembla: la ultraderecha arrasa en Sajonia-Anhalt y pone contra las cuerdas a Merz
Alternativa para Alemania (AfD) rozó el 44% de los votos en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, duplicando su peso parlamentario y forzando al canciller Friedrich Merz a repensar la estrategia con la que su gobierno buscaba aislar al partido.

El resultado electoral en Sajonia-Anhalt volvió a sacudir el tablero político alemán. Alternativa para Alemania (AfD), el partido de extrema derecha que hace apenas una década era una fuerza marginal, se consolidó como la primera fuerza en ese estado del este del país al obtener alrededor del 44% de los votos, una cifra que ningún analista había proyectado con tanta contundencia.
El salto no es menor: la formación multiplicó su representación parlamentaria respecto a la elección anterior, lo que le permitirá tener un peso decisivo en la conformación del nuevo parlamento regional. Este avance confirma una tendencia que se venía insinuando en distintas encuestas y elecciones locales en los últimos años, pero que ahora se traduce en un resultado concreto y medible en las urnas.
El desenlace obliga al canciller Friedrich Merz a repensar la estrategia con la que su gobierno y los partidos tradicionales venían intentando contener el crecimiento de AfD. Hasta ahora, la respuesta principal había sido el llamado 'cordón sanitario': un pacto tácito entre las fuerzas democráticas para no formar coaliciones ni acuerdos parlamentarios con la ultraderecha, aislándola políticamente aunque sumara votos.
Ese esquema, sin embargo, empieza a mostrar grietas. Con un resultado tan abultado, sostener el aislamiento político de AfD se vuelve cada vez más difícil sin generar tensiones democráticas, ya que una porción creciente del electorado queda sin representación efectiva en las decisiones de gobierno regional, lo que alimenta el discurso de la propia AfD sobre un supuesto desprecio de las élites hacia sus votantes.

Para entender la magnitud del fenómeno hay que remontarse a los orígenes del partido. AfD nació en 2013 como una agrupación euroescéptica centrada en las políticas de austeridad durante la crisis del euro, pero mutó rápidamente hacia un discurso antiinmigración, nacionalista y crítico de la Unión Europea, especialmente a partir de la crisis migratoria de 2015. Desde entonces, ha ido ganando terreno de manera sostenida, sobre todo en los estados del este alemán, la antigua Alemania comunista.
Sajonia-Anhalt, Turingia y Sajonia forman parte de esa región donde el descontento económico, la sensación de desigualdad respecto al oeste del país y el rechazo a las políticas migratorias han encontrado en AfD un canal de expresión electoral particularmente fuerte. Estos territorios combinan menor desarrollo industrial relativo, envejecimiento poblacional y una identidad política distinta a la del resto de Alemania, factores que los analistas señalan como terreno fértil para el crecimiento de discursos antisistema.
El fenómeno alemán no es aislado dentro de Europa. Partidos de ultraderecha han ganado terreno en Francia, Italia, Países Bajos y otros países del continente en los últimos años, en muchos casos capitalizando el malestar social por la inflación, la crisis habitacional y las políticas de asilo. Alemania, por su peso económico y político dentro de la Unión Europea, es observada con particular atención cuando estos movimientos avanzan, ya que cualquier cambio en su rumbo interno repercute en el equilibrio comunitario.
Para la comunidad latina y para América Latina en general, este tipo de resultados electorales importa más allá de lo anecdótico. Alemania es uno de los principales socios comerciales y de cooperación de la región, además de un destino relevante de migración e inversión. Un giro hacia posiciones más restrictivas en materia migratoria o un debilitamiento de los consensos democráticos tradicionales en una de las potencias europeas puede tener efectos indirectos en políticas de visado, movilidad académica y relaciones bilaterales con países latinoamericanos.
En el corto plazo, la atención se centrará en cómo reacciona Friedrich Merz y su coalición de gobierno frente a este nuevo escenario parlamentario. La pregunta central que atraviesa el debate político alemán es si el cordón sanitario contra AfD podrá sostenerse en futuras elecciones regionales y, eventualmente, en la próxima contienda federal, o si la magnitud de estos resultados terminará forzando algún tipo de recomposición en la manera en que los partidos tradicionales dialogan con la ultraderecha.
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