Un mes después del terremoto, Pereira intenta reconstruir su economía golpeada
A cuatro semanas del sismo de magnitud 7,4 que sacudió el eje cafetero colombiano, comerciantes y familias de Pereira enfrentan una difícil recuperación entre viviendas dañadas y negocios paralizados.

Un mes después de que un terremoto de magnitud 7,4 sacudiera el occidente de Colombia, los habitantes de Pereira comienzan a delinear un lento camino de recuperación. La ciudad, capital del departamento de Risaralda y corazón del eje cafetero, quedó marcada por derrumbes, viviendas inhabitables y una economía local que aún no logra retomar su ritmo habitual.
El sismo no solo dejó daños estructurales visibles en fachadas y edificios, sino que desató una crisis paralela de vivienda que continúa afectando a decenas de familias. Muchas de ellas permanecen desplazadas de sus hogares originales, a la espera de evaluaciones técnicas que determinen si sus propiedades son habitables o si deberán ser demolidas.
A esa emergencia habitacional se sumó un golpe directo a los ingresos de comerciantes y trabajadores independientes, cuyos locales resultaron dañados o directamente inaccesibles tras el movimiento telúrico. Para buena parte de la población pereirana, la subsistencia diaria dependía de pequeños negocios que hoy permanecen cerrados o funcionando de manera parcial.
El enviado especial de France 24, Maxime Pluvinet, recorrió la ciudad y dialogó con distintos damnificados que relataron cómo intentan reorganizar su vida cotidiana en medio de la incertidumbre. Sus testimonios reflejan un denominador común: la necesidad de recuperar cuanto antes una fuente de ingresos estable, incluso mientras persisten las tareas de reparación y evaluación de riesgo en numerosas edificaciones.

Colombia se ubica sobre una región de alta actividad sísmica debido a la confluencia de las placas Nazca, Caribe y Sudamericana, lo que convierte a ciudades como Pereira, Armenia y Manizales en zonas históricamente vulnerables a este tipo de eventos. El propio eje cafetero sufrió en 1999 uno de los sismos más devastadores de la historia reciente del país, con Armenia como epicentro, un antecedente que todavía condiciona las políticas locales de construcción y prevención.
La reconstrucción tras un terremoto de esta magnitud suele extenderse por meses o incluso años, especialmente en lo referido a infraestructura de vivienda social y comercios de baja escala, que rara vez cuentan con seguros que cubran pérdidas totales. En estos escenarios, la recuperación económica depende en gran medida de la rapidez con que se habiliten líneas de crédito, subsidios estatales y programas de asistencia técnica para la remodelación de estructuras.
Para la comunidad latina fuera de Colombia, y en particular para quienes tienen familiares o vínculos con el eje cafetero, este tipo de eventos suele traducirse en un flujo adicional de remesas destinadas a paliar emergencias puntuales, un fenómeno recurrente cada vez que la región enfrenta catástrofes naturales. La diáspora colombiana en Estados Unidos, una de las más numerosas de Sudamérica, suele activar redes de apoyo económico en situaciones de este tipo.
En Pereira, el desafío inmediato combina dos frentes: por un lado, la evaluación estructural de cientos de inmuebles para determinar su habitabilidad; por otro, la reactivación de un tejido comercial que sostiene buena parte del empleo informal de la ciudad. Ambos procesos avanzan en paralelo, aunque con la lentitud propia de una emergencia de esta escala.
Mientras las autoridades locales continúan con los relevamientos técnicos, los propios habitantes se han convertido en protagonistas de la reconstrucción, reabriendo comercios de manera improvisada o buscando alternativas de vivienda temporal. La resiliencia de estas comunidades, puesta a prueba por un fenómeno natural de gran magnitud, será determinante para el ritmo con que Pereira logre recuperar su normalidad en los próximos meses.
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