Alerta climática: el fenómeno de "El Niño doble" amenaza con partir al país en dos escenarios opuestos
Especialistas advierten que la combinación de El Niño global y un El Niño costero generaría un escenario sin precedentes, con lluvias torrenciales en el norte y sequía severa en el sur del país.

El meteorólogo Nelson Quispe encendió las alarmas al advertir que el país podría atravesar un escenario climático inédito en los próximos meses, producto de la coexistencia de dos versiones del fenómeno de El Niño: una de escala global y otra de carácter costero. Según explicó el especialista, esta combinación no tiene antecedentes claros en los registros recientes y podría generar consecuencias muy dispares según la región.
De acuerdo con el análisis del experto, el territorio nacional quedaría dividido en dos realidades climáticas completamente opuestas. Mientras el norte del país enfrentaría un régimen de lluvias intensas que podrían derivar en inundaciones y desbordes de ríos, el sur transitaría un escenario de déficit hídrico severo, con escasez de agua para consumo humano, agricultura y ganadería.
Esta bifurcación climática no es un dato menor: implica que las autoridades y la población deberán prepararse simultáneamente para dos tipos de emergencias completamente distintas, con estrategias de mitigación que difícilmente puedan replicarse de una zona a otra. Mientras en el norte la prioridad será la gestión de excedentes de agua y la prevención de desastres por anegamiento, en el sur el foco estará puesto en la administración de recursos hídricos cada vez más escasos.
Para entender la magnitud del fenómeno conviene repasar qué es El Niño: se trata de un patrón climático natural caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico, que altera los regímenes de lluvia y temperatura en gran parte del continente americano. Existen variantes de distinta intensidad y alcance geográfico, y quienes estudian el clima distinguen entre episodios de influencia global y otros de impacto más localizado, conocidos como El Niño costero, que afectan principalmente a las zonas cercanas al litoral del Pacífico sudamericano.
La preocupación de la comunidad científica radica en que, históricamente, estos fenómenos han sido estudiados y monitoreados por separado. La posibilidad de que ambos se manifiesten de forma simultánea introduce un nivel de incertidumbre que dificulta las proyecciones tradicionales y obliga a repensar los modelos de alerta temprana utilizados hasta ahora por los organismos meteorológicos.

El impacto de este tipo de eventos climáticos extremos no se limita a lo ambiental. En América Latina, episodios previos de El Niño han provocado pérdidas millonarias en la agricultura, encarecimiento de alimentos básicos y desplazamientos de comunidades enteras afectadas por inundaciones o sequías prolongadas. Estos efectos suelen golpear con mayor fuerza a las poblaciones rurales y de menores recursos, que dependen directamente de la actividad agropecuaria para su subsistencia.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, este tipo de noticias también resuena con particular sensibilidad. Buena parte de los migrantes que hoy residen en el país mantienen lazos familiares y económicos con sus regiones de origen, y los desastres climáticos en América Latina suelen traducirse en nuevas olas de remesas de emergencia, así como en un incremento de solicitudes de asilo o reunificación familiar vinculadas a crisis humanitarias derivadas de fenómenos naturales.
Además, el cambio climático global ha intensificado el debate sobre si estos episodios de El Niño están volviéndose más frecuentes o más severos como consecuencia del calentamiento planetario. Diversos organismos internacionales, como la Organización Meteorológica Mundial, vienen señalando desde hace años que la variabilidad climática natural se está superponiendo con tendencias de largo plazo asociadas al aumento de la temperatura global, lo que complica aún más la tarea de anticipar estos escenarios.
Frente a este panorama, especialistas como Quispe insisten en la importancia de reforzar los sistemas de monitoreo y alerta temprana, así como de diseñar políticas públicas diferenciadas según la región afectada. La gestión de infraestructura hídrica, la planificación urbana en zonas propensas a inundaciones y el fortalecimiento de reservas de agua en las áreas más vulnerables al déficit hídrico aparecen como los principales desafíos que deberán enfrentar los gobiernos en los próximos meses.
Por ahora, la recomendación de los expertos es mantenerse atentos a los próximos informes meteorológicos, que permitirán precisar con mayor exactitud la intensidad y duración de este fenómeno doble. La incertidumbre que rodea a este escenario climático inédito obliga a extremar la cautela, tanto en el norte como en el sur del país, ante la posibilidad de que las proyecciones se confirmen en las próximas semanas.
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