Bomberos europeos crean su propio "Erasmus" para aprender a domar los incendios más extremos
Un programa de intercambio de la Unión Europea envía brigadistas a países muy castigados por el fuego para compartir técnicas y experiencia frente a incendios cada vez más difíciles de controlar.

La Unión Europea impulsa un programa de intercambio para cuerpos de bomberos que busca replicar, en clave de emergencias, el espíritu del histórico programa Erasmus universitario. La iniciativa traslada temporalmente a brigadistas de distintos países del bloque hacia aquellas naciones más golpeadas por los grandes incendios forestales, con el objetivo de que compartan protocolos, tácticas de extinción y experiencia de campo directamente en el terreno donde el fuego se comporta de manera más agresiva.
La lógica detrás de esta movilidad es simple pero contundente: no todos los incendios se combaten igual. Un brigadista formado en condiciones de bosque templado, con humedad relativa alta y vegetación menos inflamable, puede encontrarse desbordado ante un incendio mediterráneo, donde la sequedad del terreno, los vientos fuertes y la topografía accidentada generan comportamientos de fuego mucho más impredecibles y veloces. De ahí que la frase que da título a esta iniciativa resuma bien el problema: hay países que directamente no tienen experiencia previa en este tipo de escenarios extremos.
El programa apunta a resolver una asimetría estructural dentro de Europa. Mientras países como España, Portugal, Grecia o Italia enfrentan cada verano temporadas de incendios cada vez más largas e intensas, otros miembros de la UE, ubicados en climas más fríos o húmedos, carecen de la experiencia acumulada para lidiar con estos fenómenos. El intercambio de brigadistas busca nivelar ese conocimiento antes de que el cambio climático extienda estos riesgos a territorios que hasta hace poco los consideraban ajenos.
Para comprender la magnitud del desafío conviene poner el fenómeno en contexto. En las últimas dos décadas, el sur de Europa ha registrado un aumento sostenido en la superficie forestal quemada, impulsado por veranos más cálidos, sequías prolongadas y el abandono de zonas rurales que antes actuaban como cortafuegos naturales. Este combo de factores ha convertido a la región mediterránea en una de las más vulnerables del planeta frente a los llamados megaincendios, episodios de fuego que superan la capacidad de respuesta tradicional de los cuerpos de bomberos.

La cooperación transfronteriza en materia de incendios no es enteramente nueva: la UE ya cuenta con el mecanismo rescEU, una reserva conjunta de aviones cisterna y recursos que los países pueden solicitar quenad enfrentan emergencias que superan su capacidad nacional. Sin embargo, este nuevo programa de intercambio de personal apunta a un objetivo distinto y complementario: no se trata solo de compartir equipamiento en momentos de crisis, sino de construir capacidades humanas y conocimiento técnico de manera sostenida en el tiempo.
El fenómeno de los incendios forestales severos también resuena con fuerza en Estados Unidos, donde estados como California, Oregon o Colorado atraviesan desde hace años una escalada similar en la frecuencia e intensidad del fuego. Comunidades latinas que residen en zonas rurales o semirrurales de esos estados, muchas veces empleadas en tareas agrícolas o forestales, se cuentan entre las poblaciones más expuestas a estos eventos, tanto por razones laborales como habitacionales. La experiencia europea en materia de cooperación e intercambio de conocimiento ofrece, en ese sentido, un espejo posible para pensar soluciones similares del otro lado del Atlántico.
Para los brigadistas que participan del programa, la experiencia no se limita a la técnica de extinción propiamente dicha. La convivencia con equipos de otros países implica también adaptarse a diferencias en la cadena de mando, los protocolos de seguridad y hasta el idioma operativo utilizado durante una emergencia, un desafío adicional cuando cada segundo cuenta y la coordinación puede ser la diferencia entre controlar un foco o perderlo.
El trasfondo de esta apuesta europea es, en definitiva, preventivo: formar una generación de bomberos con experiencia diversa y multinacional que pueda desplegarse con mayor eficacia allí donde el fuego amenace, sin importar si ese país tiene o no una tradición histórica de convivencia con los incendios forestales. En un continente donde las fronteras climáticas se están desdibujando, la preparación conjunta empieza a perfilarse menos como una opción y más como una necesidad estructural.
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