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Ciclones tropicales ponen en jaque las áreas protegidas de República Dominicana, según informe

Un nuevo reporte advierte que los fenómenos ciclónicos representan una de las mayores amenazas naturales para los ecosistemas protegidos del Caribe, con efectos que incluyen inundaciones, deslizamientos de tierra y pérdida de costas.

Redacción Diario Latina · 30 de agosto de 20264 min de lectura
Ciclones tropicales ponen en jaque las áreas protegidas de República Dominicana, según informe

Un informe reciente encendió las alarmas sobre la vulnerabilidad de las zonas protegidas de República Dominicana frente al avance de los ciclones tropicales, fenómenos que se ubican entre las amenazas naturales más severas para los ecosistemas del Caribe. El documento señala que estos eventos climáticos no solo afectan a las poblaciones humanas, sino que también generan un deterioro progresivo en reservas naturales, parques nacionales y áreas de conservación que resultan clave para la biodiversidad de la isla.

Según el análisis, los ciclones tropicales provocan una combinación de efectos devastadores que incluyen inundaciones severas, deslizamientos de tierra en zonas montañosas y una acelerada erosión costera. Estos tres factores, actuando de manera simultánea o sucesiva, deterioran suelos, alteran cursos de agua y modifican de forma permanente el paisaje de regiones que hasta hace pocas décadas se mantenían relativamente estables desde el punto de vista ambiental.

La erosión costera es uno de los puntos que más preocupa a los especialistas, ya que República Dominicana cuenta con extensas franjas de litoral que funcionan como hábitat para especies marinas y terrestres, además de sostener buena parte de la actividad turística del país. La pérdida de estas costas no solo representa un daño ecológico, sino también un impacto económico de mediano y largo plazo para las comunidades que dependen de esos recursos.

Para entender la magnitud del problema es necesario recordar que el Caribe es una de las regiones del planeta más expuestas a los ciclones tropicales, debido a su ubicación geográfica y a las condiciones cálidas del mar que favorecen la formación de estos sistemas. Cada temporada, que se extiende habitualmente entre junio y noviembre, la región enfrenta el riesgo de huracanes que pueden intensificarse rápidamente por el aumento de la temperatura oceánica, un fenómeno vinculado al cambio climático global.

Las áreas protegidas cumplen un rol fundamental en este contexto, ya que actúan como barreras naturales que amortiguan el impacto de tormentas e inundaciones sobre las zonas pobladas. Manglares, arrecifes de coral y bosques costeros ayudan a frenar el oleaje y a retener el agua durante episodios de lluvias intensas. Sin embargo, cuando estos ecosistemas se ven dañados de manera reiterada por los propios ciclones, su capacidad de protección disminuye, generando un círculo que aumenta la vulnerabilidad de las comunidades cercanas.

Este tipo de advertencias no son exclusivas de República Dominicana: distintos países de la región, incluidos varios de habla hispana con fuerte presencia de comunidades que migran hacia Estados Unidos, enfrentan desafíos similares. La degradación ambiental provocada por fenómenos climáticos extremos suele estar entre los factores que impulsan desplazamientos poblacionales, ya sea dentro del propio país o hacia el exterior, lo que convierte a la protección de estos ecosistemas en un tema que trasciende lo estrictamente ambiental.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, muchos de cuyos integrantes mantienen vínculos familiares, económicos o sentimentales con el Caribe, este tipo de reportes cobra especial relevancia. Las noticias sobre el estado de las zonas protegidas y la salud ambiental de países como República Dominicana suelen ser seguidas de cerca por quienes tienen familiares en la isla o dependen del turismo y las remesas como parte de su sustento económico.

El informe también pone el foco en la necesidad de reforzar las políticas de conservación y los planes de manejo ambiental en las áreas más expuestas, de manera de reducir el impacto acumulado de sucesivos eventos ciclónicos. La gestión de estas reservas naturales requiere de recursos técnicos y financieros que muchas veces resultan escasos en países en desarrollo, lo que dificulta una respuesta rápida frente al deterioro ambiental.

En definitiva, el documento subraya que la presión que ejercen los ciclones tropicales sobre las áreas protegidas dominicanas no es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia regional que exige atención sostenida. La preservación de estos espacios naturales resulta clave no solo para la biodiversidad, sino también para la seguridad y el bienestar de las poblaciones que habitan zonas costeras y rurales expuestas a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes e intensos.

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