Colombia cumple un mes de reconstrucción tras el terremoto: la vivienda sigue siendo la herida abierta
A 30 días del sismo de magnitud 7,4 que sacudió al país, las labores de reconstrucción avanzan de forma desigual mientras miles de familias siguen sin un techo propio, especialmente en Pereira.

Este 10 de septiembre se cumple exactamente un mes desde que un terremoto de magnitud 7,4 sacudió a Colombia, dejando una huella que todavía se siente en varias regiones del país. El sismo, uno de los más intensos registrados en la nación sudamericana en las últimas décadas, provocó destrucción generalizada en zonas urbanas y rurales, y obligó a las autoridades a declarar la emergencia en múltiples municipios.
El saldo humano del desastre es contundente: más de 330 personas murieron y más de 111 continúan desaparecidas, según los últimos reportes oficiales. A ese número se suman miles de familias que perdieron sus hogares o sufrieron daños estructurales que hacen inhabitables sus viviendas, en un país donde la infraestructura antisísmica no siempre alcanza los estándares necesarios para catástrofes de esta magnitud.
Pereira, una de las ciudades más golpeadas por el sismo, se convirtió en símbolo de la tragedia y, al mismo tiempo, de la lenta pero sostenida tarea de reconstrucción. Nuestro enviado especial, Maxime Pluvinet, recorrió la ciudad y sus alrededores para constatar de primera mano cómo se vive el día 30 después del desastre, entre escombros que aún no terminan de removerse y proyectos de reconstrucción que comienzan a tomar forma.
El panorama que describe el corresponsal es el de una ciudad dividida entre dos velocidades: por un lado, obras de infraestructura y edificios públicos que avanzan con apoyo estatal; por otro, miles de familias que, un mes después, siguen sin techo propio y sobreviven en refugios temporales, casas de familiares o carpas improvisadas. La brecha entre la reconstrucción institucional y la realidad cotidiana de los damnificados es, según el relato desde el terreno, uno de los mayores desafíos que enfrenta el gobierno colombiano.

Este tipo de catástrofes vuelve a poner sobre la mesa un debate estructural en América Latina: la falta de códigos de construcción rigurosos y de sistemas de alerta temprana eficientes en países con alta actividad sísmica. Colombia se ubica sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas de mayor actividad tectónica del planeta, lo que convierte a los terremotos en una amenaza recurrente que exige políticas públicas de largo plazo, no solo respuestas de emergencia.
La crisis de vivienda que sigue al terremoto también refleja un problema más amplio de desigualdad habitacional en la región. Antes del sismo, buena parte de las familias afectadas ya enfrentaba condiciones de informalidad en la tenencia de sus viviendas, lo que complica hoy el acceso a subsidios de reconstrucción, seguros y créditos estatales destinados a reponer lo perdido.
Para la diáspora colombiana en Estados Unidos, que supera el medio millón de personas según estimaciones recientes, la noticia del terremoto y sus consecuencias no es un dato lejano: comunidades en ciudades como Miami, Nueva York y Houston han organizado colectas y envíos de ayuda para familiares y organizaciones locales, en un gesto que refleja los fuertes lazos económicos y afectivos que unen a los migrantes con sus regiones de origen.
La reconstrucción de infraestructura crítica —hospitales, escuelas, redes de agua y energía— suele avanzar más rápido que la reposición de viviendas particulares, un patrón que se repite en desastres similares ocurridos en México, Chile o Ecuador en años recientes. Los especialistas en gestión de riesgo advierten que la fase de recuperación habitacional puede extenderse por meses o incluso años, especialmente cuando el número de damnificados es alto y los recursos estatales son limitados.
A un mes del sismo, el gobierno colombiano enfrenta la presión de mostrar resultados concretos en materia de vivienda, al tiempo que sostiene las tareas de búsqueda de los desaparecidos y la asistencia a los cientos de familias que aún dependen de ayuda humanitaria. El caso de Pereira, documentado en el terreno por France 24, se perfila como un termómetro de qué tan efectiva resulta la respuesta institucional frente a una emergencia de esta escala.
Te puede interesar

Pereira, un mes después: la ciudad colombiana convive con escombros y grietas tras el terremoto

Un temblor de magnitud 4.1 sacudió la provincia de Ayabaca en Piura
