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Defensoría del Pueblo alerta por crisis humanitaria en Chocó tras terremoto y acoso de grupos armados

La entidad colombiana denunció que, además de los daños del sismo de magnitud 7,4, la población del Chocó enfrenta restricciones a la movilidad y a la producción impuestas por estructuras armadas como el Clan del Golfo.

Redacción Diario Latina · 29 de agosto de 20264 min de lectura
Defensoría del Pueblo alerta por crisis humanitaria en Chocó tras terremoto y acoso de grupos armados

La Defensoría del Pueblo de Colombia encendió las alarmas por la situación que atraviesa el departamento del Chocó, una de las regiones más golpeadas del país, luego de que un terremoto de magnitud 7,4 agravara una crisis humanitaria que ya venía siendo alimentada por años de conflicto armado y abandono estatal.

Según el reporte de la entidad, el problema no se limita a los daños materiales dejados por el movimiento telúrico. La Defensoría documentó que grupos armados ilegales, entre ellos el Clan del Golfo, continúan operando en la zona e imponiendo restricciones a la movilidad de los habitantes, lo que complica tanto la llegada de ayuda humanitaria como el desarrollo de actividades económicas básicas.

Entre las consecuencias señaladas se destaca la interrupción de la producción local, un golpe adicional para comunidades que ya dependían de economías de subsistencia como la pesca, la agricultura y la minería artesanal. La imposibilidad de moverse con libertad por el territorio impide además que las familias afectadas por el sismo puedan acceder a mercados, centros de salud y puntos de distribución de asistencia.

El Chocó es uno de los departamentos con mayores índices de pobreza y menor presencia institucional en Colombia, características que lo vuelven especialmente vulnerable frente a catástrofes naturales. La combinación de un desastre sísmico con la persistencia de actores armados ilegales configura, según la Defensoría, un escenario de doble afectación para la población civil.

Para entender la magnitud del problema conviene recordar el contexto histórico de esta región del Pacífico colombiano. Desde hace más de dos décadas, el Chocó ha sido escenario de disputas territoriales entre distintos grupos armados que buscan controlar corredores estratégicos para el narcotráfico y la minería ilegal, lo que ha derivado en desplazamientos forzados, confinamientos y violaciones sistemáticas a los derechos humanos de comunidades afrocolombianas e indígenas.

El Clan del Golfo, considerado el grupo criminal más grande y poderoso de Colombia, ha expandido su influencia en distintas zonas rurales del país aprovechando vacíos de poder y la débil presencia estatal. Su accionar suele traducirse en el control de la movilidad de la población civil, extorsiones y bloqueos que limitan el libre tránsito de personas y mercancías, una dinámica que organismos de derechos humanos han denunciado reiteradamente en informes previos.

Este tipo de crisis superpuestas —desastres naturales y violencia armada— no son un fenómeno aislado en América Latina. En distintos países de la región, comunidades rurales y de difícil acceso enfrentan una doble vulnerabilidad: la exposición a fenómenos climáticos o geológicos extremos y la presencia de economías ilegales que controlan territorios enteros, lo que dificulta enormemente la respuesta humanitaria y la reconstrucción tras las emergencias.

La situación en el Chocó también repercute en la diáspora colombiana y en comunidades latinas en Estados Unidos, muchas de las cuales mantienen lazos familiares y económicos con estas regiones a través del envío de remesas. Las dificultades para movilizar ayuda o recursos hacia zonas bajo control de grupos armados representan un obstáculo adicional para quienes buscan apoyar a sus familiares desde el exterior.

La Defensoría del Pueblo instó a las autoridades nacionales a reforzar la presencia institucional en la zona y a garantizar corredores humanitarios seguros que permitan tanto la atención de emergencia por el terremoto como la protección de los derechos fundamentales de la población frente al accionar de los grupos armados.

El caso del Chocó vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de una respuesta estatal integral que combine atención inmediata a desastres naturales con estrategias de seguridad y desarrollo social, en un territorio donde la superposición de crisis ha dejado a miles de familias en una situación de extrema vulnerabilidad.

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