República Dominicana bate récord de participación en su mayor simulacro de terremoto
Más de 3.2 millones de personas tomaron parte en la sexta edición del ejercicio nacional de evacuación, realizado de forma simultánea en todo el país en medio de advertencias científicas sobre un eventual gran sismo en la isla La Española.

República Dominicana llevó a cabo su ejercicio de preparación sísmica más grande hasta la fecha, con la participación de más de 3.2 millones de personas en todo el territorio nacional. El simulacro, que alcanzó su sexta edición, se desarrolló de manera simultánea en escuelas, oficinas públicas, empresas privadas y espacios comunitarios, en lo que las autoridades describieron como el mayor operativo de este tipo organizado en la historia del país.
La actividad consistió en protocolos de evacuación coordinados a nivel nacional, diseñados para medir la capacidad de respuesta institucional y ciudadana ante un eventual movimiento telúrico de gran magnitud. La convocatoria masiva buscó no solo poner a prueba los tiempos de reacción, sino también reforzar en la población hábitos básicos de autoprotección, como identificar rutas de salida seguras y puntos de encuentro.
El ejercicio se enmarca en un contexto de creciente atención científica sobre el riesgo sísmico que enfrenta La Española, la isla que comparten República Dominicana y Haití. Diversos estudios geológicos han advertido durante años sobre la acumulación de energía en las fallas que atraviesan la región, lo que mantiene abierta la posibilidad de un terremoto de gran magnitud en el mediano plazo.
El Caribe se encuentra situado sobre una compleja red de placas tectónicas que lo convierte en una de las zonas sísmicamente más activas del hemisferio occidental. La memoria regional aún conserva presente el terremoto que devastó a Haití en 2010, un evento que dejó cientos de miles de víctimas y que sigue siendo la referencia obligada al momento de diseñar políticas de prevención en la isla.

A diferencia de fenómenos como los huracanes, que permiten cierto grado de anticipación meteorológica, los terremotos no ofrecen ventanas de alerta temprana confiables, lo que convierte a la preparación previa en la principal herramienta de mitigación de daños. Por esa razón, gobiernos de la región han apostado en los últimos años a simulacros masivos como el realizado en República Dominicana, replicando modelos ya consolidados en países como México, Chile o Japón.
Para la comunidad dominicana residente en Estados Unidos, particularmente numerosa en ciudades como Nueva York, Miami y Boston, este tipo de iniciativas también tiene resonancia emocional y práctica: buena parte de esa diáspora mantiene lazos familiares, propiedades e inversiones en la isla, por lo que el fortalecimiento de la infraestructura de prevención en el país de origen es seguido de cerca desde el exterior.
El operativo de este año contó con la participación coordinada de organismos de protección civil, cuerpos de bomberos, defensa civil y autoridades escolares, que trabajaron en conjunto para asegurar que la evacuación se ejecutara de forma ordenada en simultáneo en distintos puntos del país. La magnitud de la convocatoria —equivalente a cerca de un tercio de la población dominicana— fue destacada como un indicador del nivel de involucramiento institucional y ciudadano alcanzado tras seis ediciones consecutivas.
Especialistas en gestión de riesgos suelen subrayar que la efectividad de estos simulacros no se mide únicamente por la cantidad de participantes, sino por la capacidad de traducir la práctica en comportamientos automáticos durante una emergencia real. En ese sentido, la repetición anual del ejercicio busca consolidar una cultura de prevención que, según coinciden los expertos, resulta determinante para reducir la pérdida de vidas cuando ocurre un evento sísmico de magnitud considerable.
El caso dominicano se suma así a una tendencia regional que prioriza la inversión en preparación ante desastres naturales como parte de las políticas públicas de largo plazo, especialmente en países del Caribe y Centroamérica donde la exposición a terremotos, huracanes y erupciones volcánicas convive con el crecimiento urbano acelerado. La sexta edición del simulacro dominicano marca, en ese contexto, un nuevo umbral en la escala de participación ciudadana registrada en la región.
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