El ausentismo laboral en España toca un nuevo techo histórico: llega al 7,62% de la mano de las bajas médicas
El inicio de 2024 dejó la tasa de absentismo más alta jamás registrada en España, impulsada por la persistencia de la incapacidad temporal, un fenómeno que arrastra el desgaste de la salud mental y el envejecimiento de las plantillas desde 2019.

El mercado laboral español arrancó el año con una noticia preocupante para empresas y economistas: la tasa de absentismo llegó al 7,62%, la cifra más alta de la que se tenga registro. El dato confirma una tendencia que se viene consolidando desde hace varios años y que ya no puede explicarse como un fenómeno pasajero, sino como un problema estructural que atraviesa distintos sectores productivos.
El principal motor de este incremento son las bajas médicas, también conocidas técnicamente como incapacidad temporal. Estas licencias, que permiten a un trabajador ausentarse de su puesto por motivos de salud mientras cobra una parte de su salario, vienen creciendo de manera sostenida y ya representan la porción más significativa del absentismo total registrado en el país.
Los especialistas coinciden en que detrás de este fenómeno hay al menos dos causas de fondo. Por un lado, el envejecimiento de las plantillas: a medida que la población trabajadora activa tiene más edad, aumentan naturalmente las dolencias físicas y los tiempos de recuperación ante enfermedades o lesiones. Por otro lado, el impacto de la salud mental, que desde la pandemia se ha convertido en una de las causas más frecuentes de licencia médica prolongada.
Este último punto no es menor: el deterioro de la salud mental de los trabajadores viene siendo señalado desde 2019 como una tendencia que no logró revertirse ni siquiera con el retorno a la normalidad pospandemia. Cuadros de ansiedad, estrés crónico y agotamiento laboral —lo que suele llamarse burnout— se han multiplicado en oficinas, fábricas y comercios, generando ausencias cada vez más largas y difíciles de prever para los empleadores.

Para entender la magnitud del fenómeno conviene recordar que el absentismo laboral no es exclusivo de España, sino una preocupación creciente en buena parte de las economías desarrolladas. En Estados Unidos, por ejemplo, distintas encuestas empresariales vienen advirtiendo desde la pandemia sobre un aumento sostenido de licencias por salud mental, especialmente entre trabajadores jóvenes, lo que ha llevado a muchas compañías a rediseñar sus políticas de bienestar laboral.
Para la comunidad latina que vive y trabaja en Estados Unidos, este tipo de datos resulta relevante porque anticipa un debate que también se está dando puertas adentro: cómo equilibrar la protección de la salud de los empleados con la sostenibilidad de las empresas, en particular en sectores donde predomina la mano de obra inmigrante, muchas veces sin acceso pleno a licencias pagas o cobertura médica robusta.
En España, el incremento del absentismo golpea de lleno a las pequeñas y medianas empresas, que suelen tener menos margen para cubrir ausencias prolongadas sin resentir su productividad. A diferencia de las grandes corporaciones, que pueden reorganizar equipos o contratar reemplazos temporales con mayor facilidad, las pymes enfrentan un desafío mayor cuando una porción relevante de su plantilla se encuentra de baja médica de forma simultánea.
El fenómeno también tiene un correlato directo en las cuentas públicas, ya que buena parte del costo de las bajas médicas recae sobre el sistema de Seguridad Social, que debe afrontar el pago de subsidios por incapacidad temporal. Un aumento sostenido de estas licencias implica una presión adicional sobre las arcas estatales, en un contexto donde el gasto social ya viene creciendo por otros factores demográficos, como el envejecimiento poblacional.
De cara a los próximos años, el desafío para el gobierno español y para el sector privado será encontrar mecanismos que permitan reducir el impacto del absentismo sin desatender las causas de fondo que lo explican. Esto implica, según coinciden distintos análisis del mercado laboral, avanzar en políticas de prevención de riesgos psicosociales, mejorar el acompañamiento a trabajadores mayores y fortalecer los programas de salud mental en el ámbito laboral, algo que también resuena con fuerza entre las comunidades hispanas en Estados Unidos, donde el estigma en torno a estos temas todavía representa una barrera importante.
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