El banco central de Países Bajos repatría oro desde Estados Unidos y Canadá ante temores geopolíticos
De Nederlandsche Bank trasladó parte de sus reservas áureas hacia Londres, en un movimiento que describe como una medida de precaución frente a la creciente inestabilidad internacional.

El banco central de los Países Bajos confirmó que trasladó una parte significativa de sus reservas de oro almacenadas en Estados Unidos y Canadá hacia bóvedas en Londres, en lo que definió como una acción de resguardo ante el clima de incertidumbre internacional. La entidad, conocida como De Nederlandsche Bank, no detalló la cifra exacta movilizada, aunque se estima que involucra miles de millones de dólares en lingotes.
Según explicó la institución, la decisión responde a la necesidad de diversificar la ubicación de sus activos más seguros frente a un escenario de creciente inestabilidad geopolítica. El banco remarcó que mantener el oro distribuido en distintas plazas financieras reduce riesgos ante eventuales conflictos, sanciones o tensiones diplomáticas que puedan afectar el acceso a esas reservas.
El oro trasladado formaba parte de los depósitos que Países Bajos mantenía históricamente en cámaras acorazadas administradas por la Reserva Federal de Nueva York y por el Banco de Canadá, dos de los custodios tradicionales de reservas soberanas de metales preciosos a nivel mundial. Londres, por su parte, es otro de los grandes centros históricos de custodia y comercio de oro físico, junto con Zúrich y Nueva York.
Este movimiento se inscribe en una tendencia que varios bancos centrales europeos vienen adoptando en los últimos años: la de repatriar o reubicar sus reservas de oro fuera de Estados Unidos. Alemania fue pionera en este proceso, cuando en la década pasada retiró cientos de toneladas que tenía depositadas en Nueva York y París, alegando motivos similares de seguridad y control soberano sobre sus activos.

El oro cumple un rol central en la arquitectura financiera de los países como reserva de valor de última instancia, especialmente en épocas de crisis, guerras o devaluaciones monetarias abruptas. A diferencia de los activos financieros denominados en dólares o bonos del Tesoro, el metal físico no depende del sistema bancario ni puede ser congelado fácilmente mediante sanciones internacionales, lo que explica por qué muchos gobiernos buscan tenerlo bajo mayor control directo.
La preocupación por la estabilidad geopolítica se ha intensificado en los últimos años debido a la guerra en Ucrania, las tensiones comerciales entre grandes potencias y el uso cada vez más frecuente de sanciones financieras como herramienta de presión diplomática. Estos factores llevaron a varios gobiernos europeos a revisar sus estrategias de resguardo de activos estratégicos, incluido el oro.
Para la comunidad latina en Estados Unidos y para los países de la región, este tipo de movimientos de bancos centrales europeos puede parecer distante, pero refleja una dinámica más amplia: la desconfianza creciente hacia la centralización de reservas en un solo país, incluso cuando se trata de un aliado histórico como Estados Unidos. Varias naciones latinoamericanas también mantienen parte de sus reservas de oro en el exterior, y decisiones similares podrían replicarse si la tensión internacional continúa escalando.
El Banco de Inglaterra, en Londres, es uno de los mayores custodios de oro soberano del mundo, y sus bóvedas albergan reservas de decenas de países. La elección de esta plaza por parte de Países Bajos no es casual: combina infraestructura de seguridad probada, liquidez para operaciones de mercado y una larga tradición como centro financiero internacional.
Por el momento, De Nederlandsche Bank no adelantó si planea nuevos traslados de reservas ni brindó un cronograma detallado de la operación. Analistas del sector financiero seguirán de cerca si otros bancos centrales europeos adoptan medidas similares en los próximos meses, en un contexto donde el oro ha vuelto a ganar protagonismo como refugio de valor ante la incertidumbre global.
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