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El deshielo ártico podría amplificar el impacto de los terremotos en la región

Científicos advierten que el calentamiento global no solo derrite el hielo polar, sino que también podría intensificar las consecuencias de la actividad sísmica en el Ártico, una zona cada vez más expuesta a fenómenos naturales combinados.

Redacción Diario Latina · 7 de septiembre de 20263 min de lectura
El deshielo ártico podría amplificar el impacto de los terremotos en la región

Una nueva línea de investigación pone el foco en una consecuencia poco explorada del calentamiento global: su posible incidencia en la magnitud y el alcance de los terremotos que ocurren en el Ártico. Según especialistas que analizan la dinámica de la región, el retroceso acelerado del hielo y el descongelamiento del permafrost estarían alterando el equilibrio geológico de una de las zonas más sensibles del planeta.

El fenómeno se explica por un mecanismo conocido como rebote isostático: durante milenios, el peso de enormes masas de hielo comprimió la corteza terrestre en el Ártico. A medida que ese hielo se derrite por el aumento de las temperaturas, la presión sobre las placas tectónicas disminuye, lo que puede facilitar movimientos sísmicos que antes estaban contenidos por el propio peso del hielo.

A esto se suma el deshielo del permafrost, el suelo que permanece congelado durante todo el año en gran parte del territorio ártico. Su descongelamiento no solo libera gases de efecto invernadero como el metano, sino que también modifica la estabilidad estructural del terreno, generando condiciones más propicias para deslizamientos y para que un sismo de magnitud moderada tenga consecuencias más severas de las esperadas.

El Ártico es, además, una región con escasa infraestructura de monitoreo sísmico en comparación con otras zonas de alta actividad tectónica, como el Cinturón de Fuego del Pacífico. Esta limitación dificulta anticipar con precisión cómo evolucionará el riesgo a medida que avance el calentamiento global, lo que convierte a la región en un territorio de particular interés científico en los próximos años.

Para entender la magnitud del problema conviene recordar que el Ártico se calienta a un ritmo que, según distintos organismos científicos internacionales, puede llegar a ser hasta cuatro veces más rápido que el promedio global. Ese ritmo acelerado ha derretido glaciares centenarios, abierto nuevas rutas marítimas y puesto en jaque ecosistemas enteros, pero recién ahora se empieza a estudiar con mayor detalle su vínculo con la actividad sísmica.

El interés no es solo académico. La región ártica alberga reservas de gas y petróleo, rutas comerciales cada vez más transitadas y comunidades indígenas que dependen de la estabilidad del entorno para su subsistencia. Un aumento en la frecuencia o intensidad de los terremotos podría afectar infraestructura energética, oleoductos y asentamientos que hasta ahora se consideraban relativamente seguros frente a este tipo de eventos.

Para la comunidad latina en Estados Unidos y América Latina, el tema puede parecer distante, pero no lo es tanto: el cambio climático en el Ártico incide directamente en el nivel del mar, los patrones de huracanes en el Caribe y el Golfo de México, y la estabilidad de las cadenas de suministro energético globales. Fenómenos que antes se estudiaban de forma aislada —deshielo, sismicidad, clima extremo— hoy se analizan como parte de un mismo sistema interconectado.

Esta perspectiva integral es la que impulsa a instituciones científicas de distintos países a reforzar la cooperación internacional en el monitoreo del Ártico. Estados Unidos, a través de agencias como la NOAA, junto con países como Noruega, Canadá y Rusia, forman parte de una red de observación que busca anticipar riesgos combinados de origen climático y geológico en la región.

El caso ilustra, en definitiva, cómo el calentamiento global excede la discusión sobre temperaturas y niveles del mar para involucrar procesos geológicos que hasta hace pocos años se consideraban ajenos al cambio climático. La posibilidad de que el derretimiento del hielo termine potenciando la actividad sísmica obliga a repensar los modelos de riesgo natural en una de las regiones más remotas y, al mismo tiempo, más estratégicas del planeta.

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