El deshielo del Himalaya convierte a Nepal en un polvorín de desastres naturales
La crisis climática está derritiendo los glaciares que rodean a Nepal, generando inundaciones y deslizamientos cada vez más frecuentes en la región.

Nepal se ubica en una de las zonas más vulnerables del planeta frente a los desastres naturales. Su cercanía con los glaciares del Himalaya la expone de manera directa a los efectos del calentamiento global, que en las últimas décadas ha acelerado el derretimiento del hielo en las cumbres más altas del mundo.
El fenómeno no se limita al hielo visible: también afecta al permafrost, la capa de suelo que permanece congelada durante todo el año y que actúa como una especie de pegamento natural para las laderas montañosas. Cuando esta capa se descongela, el terreno pierde estabilidad y se vuelve mucho más propenso a desprendimientos.
A medida que el hielo y el permafrost se sueltan de las montañas, grandes masas de roca, tierra y agua caen hacia los ríos que descienden desde el Himalaya. Este proceso genera crecidas repentinas capaces de arrasar poblaciones enteras en cuestión de minutos.

Las inundaciones y los deslizamientos de tierra se han convertido en una amenaza recurrente para las comunidades que viven en los valles nepaleses, muchas de ellas asentadas históricamente en zonas cercanas a los cauces fluviales por la disponibilidad de agua y tierras fértiles.
Especialistas en la región vienen señalando desde hace años que el retroceso glaciar en el Himalaya no es un fenómeno aislado, sino parte de una tendencia global vinculada directamente al cambio climático. Nepal, por su geografía particular, funciona como un termómetro visible de estos cambios ambientales.
El panorama plantea desafíos crecientes para la gestión del riesgo en un país donde buena parte de la población vive en zonas montañosas o cercanas a ríos alimentados por el deshielo, lo que obliga a repensar estrategias de prevención ante un escenario climático cada vez más inestable.
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