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Futuro

Murió Hideki Shirakawa, el Nobel que le dio electricidad al plástico

El químico japonés, distinguido con el Nobel en el año 2000, descubrió los polímeros conductores que revolucionaron la electrónica moderna. Falleció a los 90 años.

Redacción Diario Latina · 8 de septiembre de 20263 min de lectura
Murió Hideki Shirakawa, el Nobel que le dio electricidad al plástico

El mundo científico despidió a Hideki Shirakawa, el químico japonés que a los 90 años falleció dejando un legado que cambió para siempre la forma en que se entiende la relación entre los materiales plásticos y la electricidad. Su nombre quedó grabado en la historia de la ciencia como el del investigador que logró algo que hasta entonces parecía imposible: convertir un polímero, tradicionalmente aislante, en un conductor capaz de transmitir corriente eléctrica.

El reconocimiento máximo a su trabajo llegó en el año 2000, cuando la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Química, distinción que compartió con los investigadores Alan Heeger y Alan MacDiarmid. El galardón reconoció el descubrimiento y posterior desarrollo de los polímeros conductores, una familia de materiales que combinó por primera vez la liviandad y flexibilidad del plástico con propiedades eléctricas propias de los metales.

El hallazgo de Shirakawa no fue un hecho aislado, sino el resultado de años de experimentación en la Universidad de Tsukuba, donde el científico exploró cómo modificar la estructura molecular del poliacetileno para alterar su comportamiento eléctrico. Ese trabajo abrió una puerta que la industria tecnológica no tardó en atravesar, dando origen a un campo de investigación que combinó la química orgánica con la ingeniería electrónica.

Las aplicaciones prácticas de aquel descubrimiento se multiplicaron con el correr de las décadas. Hoy, los polímeros conductores forman parte de componentes esenciales en teléfonos celulares, pantallas de dispositivos electrónicos y células solares, tecnologías que resultan cotidianas para millones de personas mucho más allá de que casi nadie conozca el nombre del hombre que hizo posible su desarrollo.

Para dimensionar el alcance de este tipo de hallazgos, vale recordar que la electrónica moderna depende en gran medida de materiales capaces de conducir electricidad de manera eficiente, liviana y económica. Antes del trabajo de Shirakawa, esa función estaba reservada casi exclusivamente a los metales, con las limitaciones de peso, costo y rigidez que eso implica para el diseño de dispositivos cada vez más pequeños y portátiles.

La irrupción de los polímeros conductores permitió, con el tiempo, avanzar hacia pantallas flexibles, sensores más eficientes y sistemas de almacenamiento de energía más livianos, tecnologías que hoy resultan centrales para industrias como la de los semiconductores y las energías renovables, dos sectores que atraviesan una etapa de fuerte inversión a nivel global.

El caso de Shirakawa también forma parte de una tradición científica japonesa que, desde mediados del siglo XX, acumuló numerosos premios Nobel en disciplinas como física, química y medicina, consolidando a Japón como uno de los polos de investigación básica más relevantes del mundo, con fuerte inversión estatal en ciencia y desarrollo tecnológico.

Su fallecimiento reabre además el debate sobre la importancia de sostener la investigación científica de base, aquella que no siempre tiene una aplicación comercial inmediata pero que, con los años, puede transformar industrias enteras. El propio poliacetileno conductor tardó décadas en convertirse en la tecnología cotidiana que hoy sostiene buena parte de la electrónica de consumo.

La comunidad académica internacional despidió a Shirakawa destacando no solo su aporte científico, sino también su rol como formador de nuevas generaciones de investigadores en química de materiales, un campo que sigue creciendo de la mano de la demanda global de dispositivos más eficientes, sostenibles y accesibles.

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