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El empresario venezolano señalado que Washington eligió para operar el petróleo tras el acuerdo con Caracas

Alejandro Betancourt, un empresario cuestionado por su cercanía histórica al chavismo y por el origen de su fortuna, fue seleccionado por Estados Unidos para explotar 17 yacimientos petroleros contemplados en el pacto firmado con el gobierno interino de Delcy Rodríguez.

Redacción Diario Latina · 2 de septiembre de 20263 min de lectura
El empresario venezolano señalado que Washington eligió para operar el petróleo tras el acuerdo con Caracas

El nombre de Alejandro Betancourt volvió a ocupar un lugar central en la conversación política y económica sobre Venezuela luego de que Washington lo designara como pieza clave para la explotación de 17 yacimientos petrolíferos incluidos en un reciente acuerdo con el gobierno interino que encabeza Delcy Rodríguez. La noticia generó sorpresa en distintos sectores, dado el historial de controversias que rodea al empresario desde hace más de una década.

Conocido en los círculos empresariales venezolanos como uno de los llamados 'bolichicos', Betancourt construyó buena parte de su fortuna al calor de contratos estatales durante los años de bonanza petrolera del chavismo. El apodo, que se popularizó en Venezuela, hace referencia a un grupo de jóvenes empresarios que lograron enriquecerse rápidamente gracias a vínculos con funcionarios del gobierno bolivariano y a la adjudicación de obras públicas millonarias.

El origen de su patrimonio ha sido objeto de investigaciones y señalamientos en distintos países. Organismos y periodistas han documentado presuntas irregularidades en contratos energéticos y de infraestructura vinculados a su nombre, aunque él ha negado en reiteradas ocasiones cualquier tipo de irregularidad en sus operaciones comerciales.

Que Estados Unidos lo haya elegido para un rol tan estratégico como la explotación petrolera resulta llamativo justamente por ese pasado. Washington ha mantenido durante años una política de sanciones y presión diplomática contra el chavismo, por lo que la decisión de incorporar a una figura con vínculos históricos con ese entorno abre interrogantes sobre los criterios detrás del pacto.

El acuerdo en cuestión involucra al gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez, una figura que ha ocupado cargos de alto perfil dentro del chavismo, incluyendo la vicepresidencia de Venezuela. Su papel en estas negociaciones petroleras marca otro capítulo en la compleja relación entre Caracas y Washington, atravesada por años de tensión diplomática, sanciones y disputas por el control de los recursos energéticos del país.

Para entender la magnitud de lo que está en juego conviene recordar que Venezuela posee las reservas de petróleo más grandes del mundo, un recurso que durante la última década quedó en gran parte subexplotado debido a la crisis económica, la falta de inversión y las sanciones internacionales impuestas contra la estatal PDVSA y altos funcionarios del gobierno.

Cualquier acuerdo que permita reactivar la producción petrolera venezolana tiene implicancias que van más allá de lo económico. Para Estados Unidos, diversificar sus fuentes de crudo resulta estratégico en un contexto de volatilidad en los mercados energéticos globales; para Venezuela, la reactivación de la industria petrolera es vista como una vía posible para aliviar años de deterioro económico y social que empujaron a millones de personas a emigrar, muchas de ellas hacia Estados Unidos y otros países de la región.

La comunidad venezolana en Estados Unidos, una de las de mayor crecimiento en los últimos años, suele seguir de cerca este tipo de negociaciones, ya que cualquier cambio en la relación bilateral puede tener efectos directos sobre las políticas migratorias, las remesas y las perspectivas de retorno de quienes dejaron el país durante la crisis.

La figura de Betancourt, entonces, no solo reabre el debate sobre cómo Washington decide con quién negocia en escenarios de alta sensibilidad política, sino que también pone sobre la mesa preguntas más amplias sobre transparencia, rendición de cuentas y el rol de empresarios con pasados controvertidos en la reconstrucción de sectores estratégicos como el energético.

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