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El recuerdo de un periodista de la BBC sobre su encuentro con Ratko Mladić antes de que se convirtiera en el "carnicero de Bosnia"

El corresponsal Allan Little relató cómo fue conocer a Ratko Mladić en los primeros meses de la guerra de los Balcanes, mucho antes de que el militar serbobosnio fuera condenado por genocidio.

Redacción Diario Latina · 29 de agosto de 20264 min de lectura
El recuerdo de un periodista de la BBC sobre su encuentro con Ratko Mladić antes de que se convirtiera en el "carnicero de Bosnia"

El periodista Allan Little, corresponsal especial de la BBC, compartió el testimonio de un encuentro que marcó su carrera: el momento en que conoció a Ratko Mladić, el militar serbobosnio que con el tiempo sería apodado el "carnicero de Bosnia". El encuentro se produjo en los primeros meses de la guerra de los Balcanes, en los años 90, cuando Mladić todavía no era la figura mundialmente condenada en la que se convertiría después.

Según el relato de Little, en aquel momento inicial del conflicto, Mladić se presentaba como un militar fanático, convencido de la causa que defendía, pero aún no exhibía públicamente la magnitud de la violencia que terminaría ordenando. El corresponsal describió la experiencia de estar frente a un hombre que, con el paso de los años, sería señalado como responsable de algunos de los peores crímenes cometidos en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.

La guerra de Bosnia, que se desarrolló entre 1992 y 1995, fue uno de los conflictos más sangrientos tras la desintegración de Yugoslavia. Enfrentó a bosnios musulmanes, croatas y serbios en una disputa territorial y étnica que dejó más de cien mil muertos y millones de desplazados. Los corresponsales extranjeros, como Little, tuvieron un rol clave para documentar en tiempo real los abusos que se cometían, en una época donde la información salía del terreno con enormes dificultades logísticas y riesgos personales.

Mladić, quien comandaba el Ejército de la República Srpska, quedó en la historia como el principal responsable militar de la masacre de Srebrenica, ocurrida en 1995, donde fueron asesinados más de ocho mil hombres y niños musulmanes bosnios en lo que la Justicia internacional calificó como genocidio. También se lo vinculó al prolongado asedio de Sarajevo, que se extendió durante casi cuatro años y sometió a la población civil a bombardeos constantes y falta de alimentos.

Tras años de búsqueda internacional, Mladić permaneció prófugo durante más de una década, escondido con apoyo de redes dentro de Serbia, hasta que fue capturado en 2011. Su caso se convirtió en uno de los símbolos más fuertes de la justicia penal internacional de posguerra, ya que su detención permitió finalmente someterlo a juicio ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.

En 2017, ese tribunal lo declaró culpable de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, y lo condenó a cadena perpetua. La sentencia fue considerada un hito para las víctimas de la guerra de Bosnia y para el derecho internacional, al sentar un precedente sobre cómo los máximos responsables de atrocidades masivas pueden ser juzgados años después de los hechos, incluso cuando ejercieron el poder militar de un Estado o territorio autónomo.

El testimonio de corresponsales como Little resulta relevante no solo como recuerdo periodístico, sino como parte del archivo histórico que permitió reconstruir, con el paso de los años, la cadena de decisiones y responsabilidades detrás de los crímenes cometidos en los Balcanes. Las crónicas de guerra escritas en el momento, antes de que se conocieran los desenlaces judiciales, ofrecen una perspectiva distinta: la de una figura todavía sin el peso simbólico que después adquiriría en los libros de historia.

Para las comunidades latinas en Estados Unidos y América Latina, este tipo de relatos también sirve como punto de referencia para entender procesos de justicia transicional que se replicaron, con matices propios, en distintos países de la región tras dictaduras y conflictos armados internos. La experiencia balcánica de tribunales internacionales y juicios por crímenes de guerra influyó, en cierta medida, en los debates posteriores sobre memoria, verdad y justicia en América Latina.

El caso de Mladić continúa siendo estudiado en universidades, documentales y coberturas periodísticas como un ejemplo de cómo el poder militar puede derivar en responsabilidad penal individual, incluso décadas después de los hechos. La figura del corresponsal de guerra, expuesto directamente a estos protagonistas antes de que la historia los juzgue, sigue siendo un recurso narrativo valioso para explicar procesos complejos a audiencias que no vivieron el conflicto de cerca.

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