El riesgo de inundaciones por lagos glaciares se multiplicó por seis en un siglo, según revela la tragedia de Nepal
Un mapa global elaborado tras el reciente desastre en Nepal muestra que 15 millones de personas viven expuestas a la ruptura repentina de lagunas glaciares, un fenómeno impulsado por el cambio climático.

Una tragedia reciente en Nepal volvió a poner el foco sobre un peligro que crece silenciosamente en las montañas de todo el mundo: los lagos glaciares y su potencial para desatar inundaciones repentinas y devastadoras. El episodio, que golpeó a comunidades enteras sin previo aviso, sirvió como disparador para que científicos actualizaran el mapa global de riesgo asociado a este tipo de eventos, conocidos técnicamente como GLOF (Glacial Lake Outburst Flood, o inundación por desborde de lago glaciar).
Según los datos difundidos, se estima que 15 millones de personas en distintas regiones del planeta viven actualmente bajo la amenaza directa de estos desbordes. Se trata de comunidades ubicadas río abajo de glaciares que, al retroceder por el aumento de las temperaturas, forman lagunas naturales contenidas por barreras de hielo, sedimentos o rocas inestables que pueden colapsar de forma súbita.
El dato más alarmante del relevamiento es la velocidad con la que se expandió este riesgo: el mapa global de exposición a estos fenómenos se multiplicó por seis en el transcurso de un siglo. Ese incremento no responde a un factor aislado, sino que está directamente vinculado al cambio climático, que acelera el derretimiento de los glaciares y multiplica la cantidad de lagos que se forman en zonas de alta montaña.
Para entender la magnitud del problema conviene explicar cómo se origina un GLOF. Cuando un glaciar retrocede, suele dejar atrás una cuenca que se llena de agua de deshielo, contenida por una morrena, es decir, una acumulación de rocas y sedimentos que actúa como dique natural. Estos diques no fueron diseñados para resistir presión sostenida: son inestables por naturaleza y pueden ceder ante un alud, un sismo, una lluvia intensa o simplemente por la acumulación progresiva de agua.

Cuando la barrera se rompe, libera de golpe millones de metros cúbicos de agua, lodo y escombros que descienden a gran velocidad por los valles, arrasando todo lo que encuentran a su paso: viviendas, puentes, cultivos y, en los casos más graves, vidas humanas. La particularidad de estos eventos es que ocurren con muy poco margen de aviso, lo que dificulta enormemente la evacuación de las poblaciones expuestas.
Las regiones del Himalaya, los Andes y algunas zonas de Asia Central concentran buena parte de la población en riesgo, ya que combinan alta densidad demográfica con presencia de glaciares en retroceso acelerado. Países como Nepal, India, Pakistán, Bután, Perú y Bolivia figuran entre los más vulnerables a este tipo de catástrofes, muchas veces en zonas rurales con escasa infraestructura de alerta temprana.
Este fenómeno no es exclusivo del hemisferio asiático: en América Latina, la cordillera de los Andes también alberga numerosos lagos glaciares que representan una amenaza latente para comunidades andinas. Perú, en particular, ha registrado episodios históricos de este tipo, y organismos regionales llevan años trabajando en sistemas de monitoreo para anticipar posibles desbordes en glaciares como los del Cordillera Blanca.
El calentamiento global es señalado por la comunidad científica como el principal acelerador de este proceso. A medida que las temperaturas promedio siguen en ascenso, los glaciares de montaña pierden masa a un ritmo cada vez mayor, lo que no solo incrementa el número de lagos glaciares existentes sino también su volumen, agravando el riesgo potencial de cada eventual colapso.
Frente a este panorama, especialistas en gestión de riesgo climático insisten en la necesidad de reforzar los sistemas de monitoreo satelital, instalar sensores en las zonas más críticas y desarrollar planes de contingencia y evacuación para las comunidades que habitan en los valles bajo estas lagunas. La actualización de mapas de riesgo, como el que motivó esta alerta, se considera una herramienta clave para orientar políticas públicas de prevención en las próximas décadas.
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