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Economía

Familias centroamericanas ajustan el gasto, pero no resignan su salud, según nuevo informe

Un estudio de Worldpanel by Numerator revela que casi tres de cada diez hogares de la región sienten presión económica, aunque la mayoría mantiene sus hábitos de autocuidado y prevención pese a los recortes.

Redacción Diario Latina · 7 de septiembre de 20264 min de lectura
Familias centroamericanas ajustan el gasto, pero no resignan su salud, según nuevo informe

Un nuevo relevamiento sobre el comportamiento de consumo en Centroamérica encendió una alerta y, al mismo tiempo, dejó un dato alentador. Según el informe The Health Effect 2026, elaborado por la consultora Worldpanel by Numerator, el 29% de los hogares de la región atraviesa una situación de presión económica que los obliga a repensar cómo y en qué gastan su dinero cada mes.

El estudio, que analiza patrones de compra en distintos países centroamericanos, identificó que las familias afectadas por esta tensión financiera han modificado de manera notable su comportamiento cotidiano. Ya no compran de forma espontánea, sino que planifican con anticipación qué productos necesitan, comparan precios entre distintas marcas y comercios, y evitan las compras por impulso que antes formaban parte de la rutina habitual en los supermercados.

Sin embargo, el dato que más llama la atención del informe es otro: pese al ajuste generalizado, siete de cada diez hogares en Centroamérica logran sostener sus hábitos vinculados al autocuidado y la prevención de la salud. Esto significa que, incluso en un contexto de recorte de gastos, la mayoría de las familias prioriza mantener en su canasta básica productos relacionados con el bienestar físico y la salud preventiva.

Este comportamiento sugiere un cambio de paradigma en la forma en que los consumidores centroamericanos jerarquizan sus gastos. En lugar de eliminar por completo categorías completas de productos, las familias parecen optar por una estrategia más selectiva: recortan en rubros considerados prescindibles, pero blindan aquellos gastos que consideran esenciales para su bienestar y el de su núcleo familiar.

Para comprender la magnitud de este fenómeno, es importante situarlo en el marco económico más amplio que atraviesa la región. Centroamérica ha enfrentado en los últimos años una combinación de factores que presionan el poder adquisitivo de las familias, entre ellos la inflación en alimentos y combustibles, la volatilidad cambiaria en algunos países y los efectos persistentes de shocks económicos globales que golpearon con particular fuerza a las economías más pequeñas y dependientes de las remesas.

Las remesas, de hecho, cumplen un rol central en la economía doméstica de buena parte de los países centroamericanos, ya que millones de familias dependen del dinero que envían parientes que emigraron a Estados Unidos. Cualquier variación en el flujo de esas remesas, sumada a la inflación local, repercute de manera directa en la capacidad de consumo de los hogares y explica en parte por qué la planificación de compras se volvió una herramienta clave de supervivencia financiera.

El fenómeno también resulta relevante para la comunidad latina que vive en Estados Unidos, ya que buena parte de esas remesas se originan justamente en los ingresos de trabajadores migrantes. Entender cómo se comporta el consumo en los países de origen permite dimensionar el impacto real que tiene el esfuerzo económico de quienes envían dinero desde el exterior, y cómo esas familias administran los recursos recibidos frente a un escenario de encarecimiento generalizado.

Los especialistas en consumo suelen señalar que la resiliencia de las categorías de salud y autocuidado, incluso en épocas de ajuste, responde a un cambio cultural más profundo: la pandemia y sus secuelas dejaron instalada una mayor conciencia sobre la importancia de la prevención médica y el cuidado personal como inversión a largo plazo, y no como un gasto prescindible.

El informe de Worldpanel by Numerator, que forma parte de una serie de estudios que la consultora realiza periódicamente sobre hábitos de consumo en distintas regiones del mundo, plantea así un panorama complejo pero con matices: la presión sobre los bolsillos centroamericanos es real y afecta a una porción significativa de la población, pero no logra desplazar por completo las prioridades vinculadas al bienestar y la salud familiar.

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