Ministro de Defensa peruano niega haber interrogado a detenidos por secuestro en Trujillo
Jorge Belaúnde aseguró que su presencia en el lugar donde eran retenidos los sospechosos respondió únicamente a una visita de supervisión sanitaria, y no a un interrogatorio, en medio del estado de emergencia vigente en la ciudad.

El ministro de Defensa de Perú, Jorge Belaúnde, salió a desmentir públicamente las versiones que lo señalaban como responsable de haber interrogado a un grupo de personas detenidas por su presunta participación en un caso de secuestro ocurrido en la ciudad de Trujillo. El funcionario explicó que su visita al lugar donde permanecían los sospechosos tuvo un propósito distinto al que se le atribuyó en un primer momento.
Según indicó Belaúnde, su interés al acercarse a los detenidos fue exclusivamente verificar el estado de salud de las personas bajo custodia, y no participar en ningún tipo de interrogatorio o diligencia vinculada a la investigación policial del caso. "Tuve interés en su salud", habría sido la frase con la que el ministro buscó despejar las dudas sobre su rol en el operativo.
La presencia del titular de Defensa en Trujillo se enmarca en el contexto del estado de emergencia declarado en la ciudad, una medida excepcional que habilita a las Fuerzas Armadas a desplegarse junto a la Policía Nacional para reforzar las tareas de seguridad. Belaúnde remarcó que su visita respondió justamente a ese esquema de colaboración institucional entre ambas fuerzas, y no a una intervención directa en la causa judicial.
El estado de emergencia en Trujillo, una de las principales ciudades del norte peruano, fue dispuesto por el gobierno como respuesta al incremento sostenido de delitos como el secuestro, la extorsión y los ataques armados que afectan a comerciantes, transportistas y empresarios de la región. Bajo esta figura, las garantías constitucionales relacionadas con la libertad de tránsito y la inviolabilidad del domicilio quedan restringidas temporalmente, y se habilita la actuación conjunta de militares y policías en las calles.

Trujillo se ha convertido en los últimos años en uno de los focos de mayor preocupación para la seguridad ciudadana en Perú. La ciudad, capital de la región La Libertad, ha registrado un aumento notable de bandas criminales dedicadas a la extorsión y el secuestro, lo que llevó a las autoridades a declarar sucesivos estados de emergencia y a reforzar la presencia de fuerzas de seguridad en el territorio.
Este tipo de episodios de inseguridad no solo generan preocupación dentro de Perú, sino que también repercuten en la comunidad de peruanos residentes en Estados Unidos y en otros países de la región, muchos de los cuales mantienen vínculos familiares y económicos con ciudades como Trujillo. La percepción de inestabilidad y violencia en el norte peruano suele influir en las decisiones de migración, en el envío de remesas y en la confianza de los inversionistas hacia esa zona del país.
Las declaraciones del ministro de Defensa se producen en un escenario político sensible, donde cualquier vínculo -real o aparente- de un alto funcionario con procedimientos policiales o judiciales puede derivar en cuestionamientos sobre la separación de poderes y el respeto al debido proceso. En Perú, los ministros de Defensa no tienen competencias legales para interrogar a detenidos, una función que corresponde exclusivamente a la Policía Nacional bajo supervisión del Ministerio Público.
Por el momento, no se han difundido mayores precisiones sobre el estado de la investigación por el secuestro que motivó las detenciones en Trujillo, ni sobre la identidad completa de los implicados. Se espera que en los próximos días las autoridades policiales y fiscales brinden un reporte más detallado sobre los avances de la causa y sobre el rol que finalmente jugó cada institución involucrada en el operativo.
El episodio pone nuevamente en el centro del debate público la actuación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interna, un esquema que en Perú se ha vuelto recurrente frente al avance del crimen organizado, pero que también genera discusiones sobre los límites de esa intervención y sobre la necesidad de que las fronteras entre las funciones militares, policiales y judiciales queden claramente delimitadas.
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