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Nuevo método científico ayuda a localizar dónde se gestan los terremotos más devastadores

Un estudio basado en la gran ruptura de Kamchatka de 2025 logró identificar con anticipación la zona de la falla donde se había acumulado tensión sísmica. El avance no permite predecir cuándo ocurrirá un sismo, pero sí mejora la localización de las áreas de mayor riesgo.

Redacción Diario Latina · 6 de septiembre de 20264 min de lectura
Nuevo método científico ayuda a localizar dónde se gestan los terremotos más devastadores

Un grupo de científicos logró un avance significativo en uno de los mayores desafíos de la sismología moderna: identificar con anticipación las zonas donde se acumula la tensión que eventualmente puede liberarse en un gran terremoto. El hallazgo surgió del análisis de la ruptura ocurrida en Kamchatka en 2025, una región de la costa oriental de Rusia conocida por su intensa actividad sísmica y volcánica.

El método utilizado permitió a los investigadores señalar, antes de que ocurriera el sismo de gran magnitud, cuál era el sector específico de la falla que concentraba mayor acumulación de energía. Se trata de un dato clave, ya que hasta ahora la comunidad científica contaba con herramientas limitadas para anticipar con precisión geográfica dónde se originaría la próxima ruptura de gran escala dentro de una falla activa.

Es importante remarcar qué es lo que este avance no logra: no se trata de un sistema de predicción que permita anunciar con exactitud el día u hora en que ocurrirá un terremoto. La ciencia sísmica todavía no cuenta con la capacidad de establecer ese tipo de pronósticos temporales. Lo que sí aporta esta técnica es una mejora sustancial en la localización del riesgo, es decir, en identificar qué tramos de una falla son más propensos a generar eventos de gran magnitud en el futuro.

Para entender la relevancia de este tipo de estudios conviene recordar cómo funcionan los terremotos desde el punto de vista geológico. Las placas tectónicas se desplazan de manera constante, pero en ciertos puntos de contacto quedan trabadas debido a la fricción, lo que impide que se muevan libremente. Esa fricción hace que la energía se acumule progresivamente durante años o décadas, hasta que finalmente se libera de golpe en forma de sismo. Detectar dónde se está acumulando esa energía de manera anómala es, justamente, uno de los santos griales de la sismología.

La región de Kamchatka, donde se registró el sismo que sirvió de base para este estudio, forma parte del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, una franja que concentra la mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. Countries como Chile, México, Japón, Indonesia y buena parte de la costa oeste de Estados Unidos, incluyendo California, también se ubican dentro de esta zona de alto riesgo, lo que convierte a los avances en este campo en información de interés directo para millones de personas en América Latina y en las comunidades latinas de Estados Unidos.

Para la población hispana que reside en zonas sísmicas de Estados Unidos, como California, o en países de la región con alta actividad tectónica, como México, Chile, Perú o Colombia, este tipo de investigaciones no es un dato menor. Mejorar la capacidad de identificar qué fallas concentran mayor riesgo permite, a mediano plazo, orientar mejor las políticas de prevención, la construcción de infraestructura resistente y los protocolos de emergencia en las comunidades más expuestas.

Los terremotos de gran magnitud, especialmente aquellos superiores a 8 grados, suelen tener consecuencias devastadoras no solo por el movimiento del suelo en sí, sino también por los fenómenos secundarios que pueden desencadenar, como tsunamis, deslizamientos de tierra o el colapso de edificaciones no preparadas para resistir sacudidas de esa intensidad. Por eso, cualquier herramienta que ayude a anticipar zonas de riesgo resulta valiosa para autoridades y organismos de gestión de desastres.

El estudio sobre Kamchatka se suma a una línea de investigación que en los últimos años viene ganando terreno dentro de la sismología: el monitoreo detallado de pequeñas deformaciones y microsismos previos como indicadores de estrés acumulado en una falla. Estos indicios, analizados con nuevas tecnologías de sensores y modelos computacionales, permiten construir un mapa más preciso de las zonas donde la tensión geológica está llegando a niveles críticos.

Si bien todavía resta mucho camino para que este tipo de metodologías se conviertan en una herramienta de aplicación rutinaria en distintas regiones del mundo, los científicos destacan que cada avance en la comprensión de cómo y dónde se gestan los grandes terremotos representa un paso hacia sistemas de alerta y prevención más eficaces. La comunidad científica internacional continúa monitoreando otras fallas activas del planeta con la esperanza de replicar este tipo de hallazgos en distintas geografías.

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