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Regresan a un país que muchos nunca conocieron: la crisis de los deportados afganos bajo el Talibán

Pakistán e Irán expulsaron a un millón más de afganos este año, elevando a unos seis millones el total de personas forzadas a volver a un país que gobierna el Talibán desde 2021. Muchos nacieron o crecieron fuera de Afganistán y ahora deben reconstruir su vida desde cero.

Redacción Diario Latina · 2 de septiembre de 20263 min de lectura
Regresan a un país que muchos nunca conocieron: la crisis de los deportados afganos bajo el Talibán

La cifra es contundente: alrededor de seis millones de personas han sido devueltas a Afganistán en los últimos años, un flujo que se aceleró notablemente durante 2024 con la llegada de otro millón de deportados procedentes principalmente de Pakistán e Irán. Se trata de uno de los mayores movimientos de retorno forzado registrados en el mundo en la última década.

Detrás de esa estadística hay historias individuales que resultan casi incomprensibles fuera del contexto migratorio: personas que aseguran, literalmente, "nunca estuve en Afganistán", porque nacieron en campos de refugiados o crecieron en ciudades pakistaníes o iraníes sin conocer jamás el país que figura en sus documentos de identidad. Para ellas, el retorno no es un regreso a casa, sino una llegada a tierra desconocida.

La BBC Mundo recogió testimonios de algunos de estos deportados, que describen la experiencia de aterrizar en un país gobernado por el Talibán sin redes familiares extendidas, sin vivienda asegurada y, en muchos casos, sin dominar del todo las costumbres locales tras haber sido criados en otra cultura y bajo otro sistema educativo.

El fenómeno se explica en gran parte por decisiones políticas de los países vecinos. Pakistán endureció en los últimos meses su política migratoria hacia los afganos que residían allí desde hace décadas, muchos sin documentación en regla, y lanzó operativos de expulsión masiva. Irán, por su parte, también intensificó las deportaciones en un contexto de tensión económica interna y presión social sobre la población migrante.

Conviene recordar el contexto histórico: Afganistán vive en estado de éxodo casi permanente desde la invasión soviética de 1979, seguida por décadas de guerra civil, la primera etapa talibán en los años noventa, la intervención liderada por Estados Unidos tras 2001 y finalmente el retorno del Talibán al poder en agosto de 2021. Cada una de esas etapas generó nuevas oleadas de refugiados hacia Pakistán e Irán, países que durante años funcionaron como refugio, aunque con derechos limitados para los migrantes afganos.

Esa acumulación de generaciones nacidas en el exilio es clave para entender la crisis actual. Hijos y nietos de quienes huyeron hace 40 años han pasado toda su vida fuera de Afganistán, hablan con acentos locales, estudiaron en escuelas pakistaníes o iraníes y, en muchos casos, no tienen ningún vínculo práctico con el país al que ahora son forzados a volver.

El regreso bajo el gobierno talibán añade una capa adicional de dificultad. Desde que retomó el control del país, el régimen ha impuesto restricciones severas, especialmente sobre las mujeres y niñas, en materia de educación, trabajo y movilidad. Para las familias deportadas que incluyen mujeres jóvenes, la reinserción no solo implica resolver vivienda y empleo, sino adaptarse a un marco legal y social mucho más restrictivo que el que dejaron atrás.

Organizaciones humanitarias internacionales han advertido reiteradamente sobre la falta de infraestructura para absorber semejante volumen de retornados en un país que además enfrenta una crisis económica profunda, sequías recurrentes y un sistema sanitario y educativo debilitado por años de conflicto. La llegada simultánea de miles de familias sin recursos agrava la presión sobre servicios básicos ya escasos.

Para la comunidad internacional, y en particular para gobiernos y organismos que siguen la situación afgana, este proceso plantea preguntas difíciles sobre responsabilidad compartida: qué obligaciones tienen los países receptores que durante décadas alojaron a estos refugiados, y qué garantías mínimas debería exigir la comunidad internacional al Talibán para asegurar la seguridad de quienes regresan, muchos de ellos sin ningún vínculo real con el territorio afgano actual.

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