Terremoto en Colombia agrava la crisis de salud sexual y reproductiva en zonas afectadas
En medio de la emergencia por el sismo, la escasez de anticonceptivos, tratamientos para infecciones de transmisión sexual y acceso a interrupciones del embarazo golpea a las comunidades más vulnerables.

El terremoto que sacudió a Colombia dejó no solo destrucción material, sino también una crisis silenciosa que empieza a preocupar a organizaciones humanitarias: el acceso a la salud sexual y reproductiva en las zonas más golpeadas. Según una investigación de Infobae Colombia, en varias localidades afectadas los servicios básicos vinculados a este derecho quedaron severamente interrumpidos, dejando a miles de personas sin insumos ni atención oportuna.
El diagnóstico es contundente: "el impacto ha sido muy alto", señalan quienes trabajan sobre el terreno relevando las necesidades urgentes de la población. Entre los problemas más graves identificados se encuentra la falta de métodos anticonceptivos, un insumo que en situaciones de emergencia suele quedar relegado frente a otras prioridades como alimentación, agua o refugio temporal.
A esto se suma la dificultad para garantizar el tratamiento de infecciones de transmisión sexual en zonas donde los centros de salud sufrieron daños estructurales o quedaron desabastecidos. La interrupción de tratamientos médicos continuos, sumada al hacinamiento en albergues temporales, incrementa el riesgo de propagación de estas infecciones entre la población desplazada.
Otro punto crítico que revela el relevamiento es el acceso a interrupciones voluntarias del embarazo en las zonas afectadas por el sismo. En un contexto de emergencia, las mujeres que requieren este servicio, ya sea por razones de salud, decisión personal o causales legales, enfrentan barreras adicionales para acceder a atención médica segura y oportuna.

La prevención también quedó comprometida, según lo reportado. Los programas de educación sexual y distribución de preservativos, herramientas clave para evitar embarazos no planificados y la transmisión de enfermedades, se vieron interrumpidos justo en el momento en que las comunidades más lo necesitan, dada la disrupción de sus rutinas habituales de acceso a servicios de salud.
Es importante entender por qué este tipo de necesidades suele quedar invisibilizada en medio de una catástrofe natural. Los desastres como terremotos, huracanes o inundaciones generan una lógica de emergencia inmediata centrada en rescate, alimentación y refugio, mientras que los servicios de salud reproductiva tienden a considerarse secundarios, aunque su ausencia puede generar consecuencias sanitarias graves y prolongadas en el tiempo.
La experiencia de organismos internacionales como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en catástrofes previas en la región, desde terremotos en Haití hasta huracanes en Centroamérica, ha demostrado que la falta de anticonceptivos y atención ginecológica durante emergencias suele traducirse en un aumento de embarazos no planificados, complicaciones obstétricas sin atención adecuada y mayor vulnerabilidad frente a la violencia sexual en los albergues.
Para la comunidad latina, tanto en la región como en Estados Unidos, este tipo de situaciones resuena con preocupaciones más amplias sobre el acceso a derechos reproductivos en contextos de crisis, ya sean naturales, económicas o políticas. La experiencia colombiana pone en evidencia la necesidad de que los planes de respuesta ante desastres incluyan de forma explícita la salud sexual y reproductiva como un componente central, y no como un servicio postergable.
Organizaciones sociales y de derechos humanos suelen insistir en que garantizar estos servicios durante emergencias no es un lujo, sino una cuestión de salud pública y de derechos básicos, especialmente para mujeres, adolescentes y poblaciones en situación de vulnerabilidad que ven multiplicados sus riesgos cuando los sistemas de salud colapsan.
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