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Tres ciclones simultáneos en el Pacífico encienden las alarmas por El Niño

Dos huracanes y una tormenta tropical avanzan al mismo tiempo sobre el océano Pacífico debido al aumento de la temperatura del mar. El fenómeno, potenciado por El Niño, ya genera efectos que van desde la caída de la pesca en Sudamérica hasta sequías en África.

Redacción Diario Latina · 3 de septiembre de 20264 min de lectura
Tres ciclones simultáneos en el Pacífico encienden las alarmas por El Niño

Un escenario meteorológico poco habitual se desarrolla en estas horas sobre el océano Pacífico, donde dos huracanes y una tormenta tropical avanzan al mismo tiempo. La coincidencia de tres sistemas ciclónicos activos en simultáneo llamó la atención de especialistas y organismos de monitoreo climático, que atribuyen el fenómeno al aumento sostenido de la temperatura superficial del mar.

Según explican los expertos consultados por distintos medios especializados, la causa detrás de esta anomalía es El Niño, el patrón climático que se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial. Ese exceso de calor funciona como combustible para la formación y el fortalecimiento de tormentas tropicales, favoreciendo que varias de ellas convivan en una misma región oceánica en un lapso breve de tiempo.

El Niño no es un evento nuevo ni aislado: se trata de un ciclo climático natural que se repite cada cierta cantidad de años y que forma parte, junto con su fase opuesta La Niña, del fenómeno conocido como Oscilación del Sur. Sin embargo, en las últimas décadas su intensidad y frecuencia han sido objeto de estudio por parte de la comunidad científica, que busca determinar en qué medida el cambio climático de origen humano está amplificando sus efectos.

Uno de los impactos más documentados de este fenómeno es la merma pesquera en las costas del Pacífico sudamericano, especialmente en países como Perú y Ecuador, donde el calentamiento del mar altera la disponibilidad de nutrientes y desplaza a especies como la anchoveta, columna vertebral de una industria que da empleo a miles de personas y que abastece buena parte de la producción mundial de harina de pescado.

En el otro extremo del planeta, la alteración de los patrones de circulación atmosférica asociada a El Niño también se traduce en sequías severas en distintas regiones de África, donde comunidades enteras dependen de las lluvias estacionales para la agricultura de subsistencia. La falta de precipitaciones en esas zonas suele derivar en crisis alimentarias que afectan de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, este tipo de fenómenos no es un dato meramente informativo: los cambios en los patrones de huracanes en el Pacífico y el Atlántico pueden influir en las temporadas de tormentas que afectan a estados como Florida, Texas o California, donde reside una parte significativa de la población hispana. Además, las alteraciones climáticas en países de origen —desde México hasta Perú— repercuten en las economías familiares y en los flujos migratorios.

Los especialistas remarcan que la actividad ciclónica simultánea, como la que se observa actualmente, no implica necesariamente que los tres sistemas toquen tierra ni que generen daños de igual magnitud. Cada uno evoluciona de manera independiente según las condiciones locales de viento, presión y temperatura, aunque comparten el mismo contexto de fondo: un océano más cálido de lo habitual que favorece su desarrollo.

Los organismos meteorológicos de la región, entre ellos servicios nacionales y agencias internacionales, mantienen un monitoreo constante de la trayectoria e intensidad de estos sistemas para emitir alertas tempranas en caso de que alguno represente riesgo para zonas costeras habitadas. La vigilancia incluye el seguimiento satelital y el análisis de modelos numéricos que permiten anticipar posibles cambios de rumbo o de categoría.

El fenómeno actual se suma a una serie de eventos extremos registrados en los últimos años a escala global, en un contexto en el que científicos climáticos advierten sobre la necesidad de reforzar los sistemas de prevención y adaptación frente a episodios de El Niño cada vez más intensos, sin que ello implique atribuir de manera directa cada evento puntual al calentamiento global.

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