Un niño de 7 años con cardiopatía pidió ayuda al presidente y logró destrabar su tratamiento
El caso de un pequeño de Cúcuta que denunció trabas de la Nueva EPS para acceder a exámenes médicos generó una rápida respuesta del Gobierno colombiano, que ordenó garantizarle atención urgente y avanzar hacia un eventual trasplante.

Un mensaje desgarrador de un niño de apenas 7 años logró lo que muchas veces no consiguen los reclamos formales dentro del sistema de salud: una respuesta inmediata desde la cúpula del Gobierno. El pequeño, residente de Cúcuta, hizo público un pedido de auxilio dirigido directamente al presidente de Colombia, en el que expresaba con crudeza su temor a morir por no poder acceder a los exámenes médicos que necesita a raíz de una cardiopatía.
El niño padece una afección cardíaca que requiere seguimiento constante y estudios especializados para determinar los pasos a seguir en su tratamiento. Según se conoció, la Nueva EPS, la entidad promotora de salud a la que está afiliado, había puesto obstáculos administrativos que retrasaban la realización de esos exámenes, un cuello de botella que terminó empujando al menor y a su familia a buscar visibilidad pública para su caso.
La frase que resumió su angustia, "me puedo morir", se viralizó rápidamente y llegó hasta el propio primer mandatario, quien respondió públicamente al pedido. La reacción no se quedó en palabras: el mandatario dispuso que se activaran los mecanismos necesarios para garantizar la atención urgente del niño, lo que incluyó la intervención directa de la ministra de Salud.
De acuerdo con la información disponible, la gestión oficial no solo apunta a resolver el cuello de botella inmediato de los exámenes pendientes, sino también a evaluar la posibilidad de que el menor acceda a un trasplante, en caso de que los estudios confirmen que esa es la vía de tratamiento indicada. Esto marca un giro significativo en un caso que, hasta la viralización del mensaje, parecía estancado en la burocracia sanitaria.

El caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa hace años al sistema de salud colombiano: la tensión entre las EPS, encargadas de administrar la afiliación y garantizar el acceso a servicios médicos, y los pacientes que dependen de autorizaciones, remisiones y trámites para recibir atención especializada. La Nueva EPS, una de las entidades más grandes del país en número de afiliados, ha estado en el centro de numerosas denuncias por demoras similares.
Para comprender la magnitud del problema, es necesario recordar que Colombia cuenta con un sistema de salud mixto, en el que las EPS actúan como intermediarias entre el Estado, los prestadores de servicios médicos y los ciudadanos. Cuando ese engranaje falla —por trabas administrativas, falta de citas o demoras en autorizaciones— son los pacientes más vulnerables, como los niños con enfermedades crónicas o de alta complejidad, quienes terminan pagando el costo más alto.
Este tipo de episodios no es exclusivo de Colombia: en buena parte de América Latina y también entre comunidades latinas en Estados Unidos, el acceso a tratamientos especializados para condiciones cardíacas infantiles suele depender de sistemas de salud fragmentados, con largos tiempos de espera para autorizaciones, referencias entre especialistas y estudios de alta tecnología. Las cardiopatías congénitas, de hecho, están entre las malformaciones más comunes en recién nacidos a nivel mundial, y su detección y tratamiento tempranos son claves para reducir riesgos de vida.
La rápida reacción gubernamental en este caso puntual expone, además, un patrón recurrente: muchas familias sienten que la exposición mediática o la apelación directa a figuras de poder es el único camino eficaz para destrabar procesos que, en teoría, deberían resolverse por la vía institucional ordinaria. Esa percepción alimenta el debate sobre la necesidad de reformas estructurales en el sistema de salud colombiano, un tema que ha ocupado buena parte de la agenda pública en los últimos años.
Mientras tanto, la familia del niño en Cúcuta espera que la intervención del Gobierno se traduzca en resultados concretos: la realización de los exámenes pendientes y, de ser necesario, el avance hacia el trasplante que podría salvarle la vida. El caso quedará como un nuevo capítulo en la larga lista de historias que ilustran las dificultades que enfrentan los pacientes colombianos, especialmente los más pequeños, para acceder a una atención médica oportuna y de calidad.
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