Ausentarse del trabajo por depresión: qué exige realmente la ley, a partir del caso Julián Álvarez
La situación del delantero del Atlético de Madrid volvió a poner sobre la mesa una pregunta que atraviesa a millones de trabajadores: ¿alcanza con sentirse mal anímicamente para faltar al trabajo, o hace falta algo más?

La reciente situación de Julián Álvarez, delantero del Atlético de Madrid, volvió a instalar en la agenda pública un debate que va mucho más allá del fútbol: ¿puede una persona faltar a su trabajo alegando depresión sin que exista un respaldo médico formal? El caso del jugador argentino, que atraviesa un momento personal complicado, sirvió como disparador para que especialistas en derecho laboral repasaran qué establece efectivamente la normativa vigente sobre las ausencias motivadas por problemas de salud mental.
De acuerdo con lo señalado por juristas consultados, la respuesta es clara y no deja lugar a interpretaciones libres: los trastornos psicológicos o emocionales, como la depresión, solo habilitan una ausencia laboral protegida cuando existe una incapacidad temporal reconocida oficialmente. Es decir, no basta con que un trabajador sienta angustia, tristeza profunda o agotamiento emocional; es imprescindible que un profesional de la salud evalúe el cuadro y lo certifique a través de los canales médicos correspondientes.
Ese reconocimiento formal, conocido en varios países de habla hispana como baja médica o licencia por incapacidad temporal, funciona como el único documento que blinda legalmente al empleado frente a una posible sanción o despido por inasistencia. Sin ese respaldo, cualquier ausencia motivada por un malestar psicológico, por más real y profundo que sea, queda desprotegida desde el punto de vista normativo y puede ser interpretada por el empleador como una falta injustificada.
El mecanismo, explican los especialistas, exige pasos concretos: consulta con un médico de cabecera o especialista en salud mental, diagnóstico formal del cuadro, y la emisión de un parte médico que certifique la incapacidad para desempeñar tareas durante un período determinado. Recién a partir de ese trámite administrativo, el trabajador queda amparado por las leyes laborales y de seguridad social, con derecho a percibir en muchos casos una prestación económica mientras dura la licencia.

Este debate no es exclusivo de España ni del ámbito deportivo. En Estados Unidos, donde reside una enorme comunidad de trabajadores latinos, la salud mental como causa de ausencia laboral también está sujeta a marcos legales específicos, como la Family and Medical Leave Act (FMLA), que exige documentación médica para autorizar licencias no remuneradas por motivos de salud, incluidos los psicológicos. La falta de acceso a seguros médicos o la precariedad laboral que enfrentan muchos inmigrantes hace que, en la práctica, acceder a ese respaldo formal sea mucho más difícil que para otros sectores de la población.
La salud mental en el ámbito laboral viene ganando protagonismo en los últimos años a nivel global, en parte impulsada por el aumento de licencias por estrés, ansiedad y depresión reportadas tras la pandemia de covid-19. Organismos como la Organización Mundial de la Salud han insistido en que los trastornos mentales representan una de las principales causas de incapacidad laboral en el mundo, lo que ha obligado a gobiernos y empresas a repensar sus políticas internas de licencias y acompañamiento psicológico.
Sin embargo, persiste una brecha importante entre el reconocimiento social de estos padecimientos y su tratamiento legal. Mientras la conversación pública avanza hacia una mayor empatía y comprensión de la salud mental como un problema tan serio como cualquier dolencia física, las leyes laborales de la mayoría de los países todavía exigen el mismo nivel de acreditación médica formal que para una lesión física, lo que en ocasiones choca con la naturaleza más subjetiva y difícil de diagnosticar de algunos cuadros emocionales.
En el caso puntual de Álvarez, el foco mediático puso en discusión hasta qué punto una figura pública, sometida a una presión constante por su exposición y rendimiento, puede apoyarse en los mismos mecanismos legales que cualquier trabajador convencional. La respuesta de los expertos fue contundente: no existen atajos ni excepciones por notoriedad. La ley no distingue entre un futbolista de élite y un empleado de una fábrica: en ambos casos, sin una incapacidad temporal certificada, la ausencia por depresión carece de respaldo jurídico.
El debate abierto por este episodio deja una enseñanza que trasciende el mundo del deporte: la salud mental, aunque cada vez más visibilizada, todavía requiere atravesar los mismos canales burocráticos y médicos que cualquier otra condición para ser reconocida legalmente como causa válida de ausencia. Para los trabajadores latinos en Estados Unidos y en la región, entender estos requisitos puede ser clave a la hora de proteger tanto su empleo como su bienestar emocional.
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