Qué le pasa al cuerpo y la mente de una madre después del parto, según la ciencia
Una neonatóloga explica en un ciclo especializado los cambios hormonales, neurológicos y emocionales que atraviesa una mujer tras el nacimiento de su hijo, un proceso tan intenso como poco visibilizado.

El primer capítulo de la nueva temporada de El Puente puso sobre la mesa un tema que rara vez ocupa el centro de la conversación pública: qué le sucede realmente al cuerpo y a la mente de una mujer después de dar a luz. La médica neonatóloga Águeda Figueroa fue la encargada de desmenuzar, con rigor científico, un proceso que suele reducirse a la imagen idealizada de la maternidad recién estrenada.
Según explicó la especialista, el posparto no es simplemente una etapa de recuperación física, sino una auténtica reconfiguración hormonal que atraviesa a la mujer desde el mismo momento del nacimiento. Los niveles de estrógeno y progesterona caen de manera abrupta apenas se produce el alumbramiento, mientras que otras hormonas, como la oxitocina y la prolactina, se activan para sostener la lactancia y el vínculo con el recién nacido.
Uno de los datos más reveladores que aportó Figueroa tiene que ver con el impacto de la maternidad en el propio cerebro materno. Distintos estudios de neurociencia han detectado cambios estructurales en regiones vinculadas a la empatía, la vigilancia y el procesamiento emocional, lo que explicaría por qué muchas madres describen una sensibilidad y un estado de alerta que no tenían antes del nacimiento de sus hijos.
La especialista también se detuvo en un aspecto que suele generar culpa o desconcierto: la angustia inicial que experimentan muchas mujeres en los primeros días o semanas tras el parto. Lejos de ser una señal de alarma en todos los casos, ese estado forma parte de un proceso esperable, producto de la combinación entre el cambio hormonal, la falta de sueño y la reorganización completa de la identidad y la rutina.
Este tipo de contenidos cobra relevancia en un contexto donde la salud mental perinatal ha ganado visibilidad en los últimos años, tanto en América Latina como en Estados Unidos. Durante décadas, la tristeza posparto y los cuadros más severos, como la depresión posparto, fueron minimizados o directamente silenciados, atribuidos erróneamente a una falta de instinto maternal o de voluntad.

En Estados Unidos, donde una parte significativa de las mujeres que dan a luz cada año son latinas, el acceso a controles de salud mental posparto suele ser desigual. Las barreras idiomáticas, la falta de cobertura médica adecuada y las diferencias culturales en torno a la maternidad muchas veces retrasan diagnósticos y tratamientos, incluso en cuadros que podrían resolverse con acompañamiento profesional temprano.
A nivel regional, distintos sistemas de salud pública en América Latina han comenzado a incorporar de manera más sistemática controles de salud mental durante el embarazo y el puerperio, aunque persisten brechas importantes según el nivel socioeconómico y el acceso a obra social o medicina prepaga. La clase media alta, con mayor acceso a seguimiento médico privado, suele detectar antes estos procesos, aunque no está exenta de atravesarlos con la misma intensidad.
El enfoque de El Puente apunta justamente a correr el eje del relato romantizado de la maternidad para instalar una mirada más médica y menos moralizante. Explicar que la angustia, el cansancio extremo o la sensación de pérdida de identidad tienen una base biológica concreta permite, según especialistas del área, reducir la culpa que muchas madres sienten al no identificarse con la felicidad plena que se espera socialmente de ellas.
La transformación descripta por Figueroa no se limita a las primeras semanas: los cambios en la identidad materna, el vínculo con el propio cuerpo y la relación con la pareja o el entorno familiar pueden extenderse durante meses. Comprender que se trata de un proceso, y no de un estado fijo, resulta clave para las mujeres que atraviesan el posparto y para quienes las rodean.
En definitiva, la mirada que propone este ciclo busca aportar información basada en evidencia sobre una etapa que, pese a ser universal, sigue rodeada de mitos. Nombrar con precisión médica lo que ocurre en el posparto aparece como un primer paso para acompañar mejor a las madres, tanto desde el sistema de salud como desde el entorno cercano.
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