Cenar tarde podría elevar el riesgo de cáncer de colon, advierte una doctora
Una especialista señala que el horario en que comemos por la noche puede ser tan determinante para la salud intestinal como el contenido del plato.

La doctora Sara Marín encendió una alerta sobre un hábito cotidiano que muchas personas repiten casi sin pensarlo: cenar demasiado tarde. Según explicó, este comportamiento —tan común en las rutinas modernas, donde el trabajo y las obligaciones familiares se extienden hasta la noche— estaría vinculado a un mayor riesgo de cáncer de colon, uno de los tumores más frecuentes y, a la vez, más prevenibles cuando se detecta a tiempo.
El planteo de la especialista no apunta tanto a qué comemos, sino a cuándo lo hacemos. La hora de la cena, sostiene, puede alterar procesos digestivos y metabólicos que ocurren mientras dormimos, generando un escenario menos favorable para la salud del intestino. Es un enfoque que se aleja de la mirada tradicional centrada solo en calorías o nutrientes, y pone el reloj biológico en el centro de la conversación.
Marín remarca que este hábito, lejos de ser una excepción, es parte de la vida diaria de buena parte de la población, lo que lo vuelve especialmente relevante como problema de salud pública. No se trata de un comportamiento aislado de unos pocos, sino de una costumbre extendida que, según su advertencia, merece revisarse.
Para entender por qué esto importa, es útil recordar que el cáncer colorrectal es uno de los más diagnosticados a nivel mundial y una de las principales causas de muerte por cáncer, tanto en Estados Unidos como en América Latina. En los últimos años, distintos estudios han documentado un aumento de casos en personas jóvenes, algo que preocupa a la comunidad médica y que ha impulsado la búsqueda de factores de riesgo modificables, más allá de la genética o los antecedentes familiares.

La ciencia detrás de la relación entre horarios de comida y salud digestiva se apoya en el concepto de ritmo circadiano: el cuerpo humano tiene ciclos internos que regulan la digestión, la producción de insulina y la actividad celular según la hora del día. Comer tarde por la noche puede interferir con estos ciclos, favoreciendo procesos inflamatorios y metabólicos que, sostenidos en el tiempo, se asocian a un mayor riesgo de enfermedades crónicas, incluyendo distintos tipos de cáncer.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, este tipo de alertas cobra una dimensión particular. Las jornadas laborales extensas, los trabajos con horarios rotativos y las costumbres culturales que suelen ubicar la comida principal de la noche en horas tardías —una práctica habitual en varios países de la región— hacen que este hábito esté especialmente presente en muchos hogares hispanos. Sumado a un menor acceso a controles médicos preventivos en parte de esta población, el mensaje adquiere un peso adicional.
Los especialistas en salud digestiva suelen recomendar dejar pasar al menos dos o tres horas entre la última comida y el momento de acostarse, precisamente para permitir que el proceso digestivo avance antes de que el organismo entre en su fase de descanso nocturno. Esta pauta, simple en apariencia, se ha convertido en uno de los consejos más repetidos por gastroenterólogos y nutricionistas en los últimos años.
Más allá del horario de la cena, los factores de riesgo conocidos del cáncer de colon incluyen el sedentarismo, el consumo excesivo de carnes procesadas, el bajo consumo de fibra, el tabaquismo y el consumo elevado de alcohol. La detección temprana, a través de colonoscopías y estudios de rutina a partir de determinada edad, sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir la mortalidad asociada a esta enfermedad.
El planteo de la doctora Marín se suma a una corriente creciente dentro de la medicina que pone el foco en los hábitos cotidianos —y no solo en la dieta en sí— como determinantes de la salud a largo plazo. Revisar la hora de la cena, dicen los especialistas, puede ser un cambio simple pero con impacto real en la prevención de enfermedades graves.
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