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Mente & Salud

Cuando el miedo del otro se convierte en el timón de la pareja: la advertencia de un psicólogo

El psicólogo Fran Sánchez alerta sobre una dinámica frecuente en las relaciones: dejar que las inseguridades de uno de los miembros dicten las decisiones de ambos, en lugar de acompañarlas de forma saludable.

Redacción Diario Latina · 8 de septiembre de 20264 min de lectura
Cuando el miedo del otro se convierte en el timón de la pareja: la advertencia de un psicólogo

El psicólogo Fran Sánchez volvió a poner el foco en un patrón que, según explica, se repite con frecuencia inquietante en las consultas de terapia de pareja: permitir que el miedo o la inseguridad de uno de los integrantes termine gobernando las decisiones cotidianas de ambos. Para el especialista, esta dinámica, lejos de ser una muestra de amor o compromiso, constituye una forma poco sana de sostener el vínculo a largo plazo.

La idea central que plantea Sánchez es sencilla pero contundente: acompañar a la pareja en sus temores no es lo mismo que dejar que esos temores dicten las reglas de la relación. Cuando esto último ocurre, uno de los miembros va cediendo espacios de autonomía —amistades, planes personales, formas de vestir o de socializar— no porque lo desee, sino para evitar conflictos o calmar la ansiedad del otro. El resultado, advierte el psicólogo, es una relación desequilibrada donde el miedo, y no el acuerdo mutuo, termina marcando el rumbo.

Esta lógica suele instalarse de manera gradual y casi imperceptible. Al principio puede parecer un gesto de consideración: dejar de ver a determinado grupo de amigos, evitar ciertas salidas o justificar cada movimiento para que la otra persona se sienta tranquila. Con el tiempo, sin embargo, esas concesiones se acumulan y erosionan la libertad individual de quien las hace, generando resentimiento silencioso y una dependencia emocional que rara vez se nombra abiertamente dentro de la pareja.

El psicólogo distingue con claridad entre dos actitudes que suelen confundirse: el acompañamiento genuino frente a la inseguridad del otro, y la sumisión ante sus miedos. Acompañar implica escuchar, validar la emoción y buscar en conjunto herramientas para gestionarla, sin que eso signifique renunciar a la propia vida. Someterse, en cambio, implica que una sola persona modifica su comportamiento de manera unilateral para que la otra no sienta malestar, lo que perpetúa el problema en lugar de resolverlo.

Para contextualizar esta problemática, vale recordar que los especialistas en salud mental vienen señalando desde hace años un aumento en las consultas vinculadas a la ansiedad dentro de las relaciones de pareja, un fenómeno que se intensificó tras la pandemia y que se vio acelerado por la exposición constante a redes sociales, donde la comparación permanente alimenta la inseguridad. Esta tendencia no es exclusiva de un país o cultura, y se observa tanto en consultorios de Madrid como de Miami o Ciudad de México.

En la comunidad latina de Estados Unidos, donde muchas veces las estructuras familiares tradicionales conviven con nuevas formas de entender la pareja y la independencia individual, este tipo de dinámicas puede volverse aún más complejo. La presión por sostener una imagen de estabilidad familiar, sumada a factores como el estrés migratorio o las diferencias generacionales entre parejas que crecieron en distintos contextos culturales, puede favorecer que uno de los miembros ceda terreno emocional con más facilidad de la que reconoce.

Los profesionales de la salud mental coinciden en que reconocer esta dinámica es el primer paso para revertirla. No se trata de dejar de lado la empatía hacia el otro, sino de establecer límites claros que permitan que ambas personas puedan expresar sus miedos sin que estos se conviertan en condiciones no negociables para la relación. La terapia de pareja, cada vez más consultada entre profesionales jóvenes de clase media y alta, suele ser una de las vías más efectivas para identificar estos patrones antes de que se cristalicen.

Sánchez insiste en que el objetivo no es eliminar la inseguridad del otro —algo prácticamente imposible en cualquier vínculo humano— sino aprender a gestionarla en conjunto, sin que uno de los dos cargue con la responsabilidad exclusiva de mantener la calma emocional de la pareja. Cuando ese equilibrio se pierde, dice, la relación deja de ser un espacio de crecimiento compartido para convertirse en un mecanismo de control, muchas veces disfrazado de cuidado.

El mensaje del especialista apunta, en definitiva, a fomentar relaciones donde la seguridad no dependa de la restricción del otro, sino del diálogo, la confianza y el trabajo individual sobre las propias inseguridades. En un contexto donde el bienestar emocional gana cada vez más protagonismo en la agenda pública y profesional, este tipo de señales de alerta buscan ayudar a identificar a tiempo vínculos que, aunque parezcan sólidos desde afuera, se sostienen sobre bases poco saludables.

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