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Mente & Salud

El ajo revela sus secretos: así cambian sus propiedades según cómo se cocine

Especialistas explican por qué este bulbo concentra casi 200 sustancias bioactivas beneficiosas para la salud, y por qué someterlo a altas temperaturas puede hacerle perder buena parte de su poder.

Redacción Diario Latina · 3 de septiembre de 20263 min de lectura
El ajo revela sus secretos: así cambian sus propiedades según cómo se cocine

El ajo es uno de los ingredientes más utilizados en las cocinas de todo el mundo, pero pocas veces se repara en la complejidad química que esconde. Según explican especialistas consultados por medios especializados, este bulbo concentra casi 200 sustancias bioactivas, entre compuestos azufrados, flavonoides y otros antioxidantes que le otorgan propiedades beneficiosas para el organismo.

Uno de los datos centrales que remarcan los expertos es que la forma de preparación del ajo puede alterar significativamente su composición. La alicina, uno de los compuestos más estudiados y responsable de buena parte de sus efectos positivos, se genera recién cuando el diente se corta, se pica o se machaca, ya que ese proceso mecánico activa una enzima llamada alinasa que transforma otro compuesto presente en el ajo intacto.

Este detalle resulta clave porque explica por qué muchos especialistas recomiendan dejar reposar el ajo picado unos minutos antes de cocinarlo o consumirlo. Ese tiempo de espera permite que la reacción química se complete y que se forme la mayor cantidad posible de alicina, antes de que el calor de la cocción pueda degradarla.

Justamente ese es otro de los puntos que destacan los expertos: cocinar el ajo a altas temperaturas, sobre todo durante períodos prolongados, puede reducir de manera considerable la presencia de estos compuestos activos. Por eso, agregarlo al final de la preparación o consumirlo crudo, cuando la receta lo permite, ayudaría a conservar mejor sus propiedades.

Más allá de la alicina, el ajo aporta otros elementos de interés nutricional, como compuestos azufrados adicionales, pequeñas cantidades de vitaminas del grupo B y C, minerales como el selenio y el manganeso, y fibra. La combinación de todos estos componentes es la que sustenta buena parte de la reputación del ajo como alimento funcional.

El interés por el ajo no es nuevo: distintas culturas lo han utilizado durante siglos tanto en la cocina como en la medicina tradicional, atribuyéndole efectos beneficiosos para el sistema cardiovascular, la presión arterial y las defensas del organismo. En las últimas décadas, la ciencia moderna comenzó a estudiar con mayor rigor estos usos históricos, buscando comprender qué hay de cierto detrás de las creencias populares.

Para la comunidad latina en Estados Unidos, este tipo de información tiene un valor particular, ya que el ajo forma parte esencial de la gastronomía de la región, desde los sofritos caribeños hasta los guisos mexicanos, centroamericanos y sudamericanos. Entender cómo aprovechar mejor sus propiedades sin perder su valor nutricional puede traducirse en pequeños cambios de hábitos con impacto real en la alimentación diaria de millones de hogares.

En un contexto donde crece el interés por la alimentación como herramienta de prevención de enfermedades crónicas, estudios de este tipo alimentan un debate más amplio sobre cómo las técnicas de cocción influyen en el valor nutricional de los alimentos en general, no solo del ajo. Cada vez más nutricionistas insisten en que no alcanza con elegir ingredientes saludables, sino que también importa la manera en que se preparan.

Los especialistas remarcan, de todos modos, que ningún alimento por sí solo reemplaza una dieta equilibrada ni tratamientos médicos indicados por un profesional. El ajo puede sumar beneficios como parte de una alimentación variada, pero su consumo debe entenderse como un complemento y no como una solución mágica frente a problemas de salud.

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