Salud mental juvenil en Argentina: el suicidio ya es la principal causa de muerte entre los 15 y 34 años
Una especialista del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires advierte sobre el crecimiento sostenido de los casos entre 2017 y 2025 y explica cuáles son las señales de alerta que deberían activar la ayuda de familiares y amigos.

El suicidio se convirtió en la principal causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 34 años en Argentina, según un análisis presentado en el programa Infobae en Vivo al Amanecer. La directora del Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires repasó la evolución de los casos registrados entre 2017 y 2025, un período en el que la tendencia mostró un crecimiento sostenido que preocupa a especialistas en salud mental de toda la región.
La especialista explicó que la prevención efectiva no depende únicamente de protocolos clínicos o intervenciones de emergencia, sino de algo mucho más cotidiano: la cercanía y la disponibilidad real para escuchar a quienes atraviesan un momento de crisis. Según planteó, muchas veces las señales de alerta están presentes semanas o meses antes de un desenlace fatal, pero pasan inadvertidas porque el entorno no sabe interpretarlas o no cuenta con las herramientas para actuar.
Entre esas señales, la directora del centro mencionó cambios abruptos en el comportamiento, aislamiento social progresivo, alteraciones en los patrones de sueño y alimentación, y comentarios o expresiones que hagan referencia a sentirse una carga para los demás o a la ausencia de futuro. La detección temprana de estos indicadores, sostuvo, puede marcar la diferencia entre una intervención a tiempo y una tragedia evitable.
El fenómeno no es exclusivo de Argentina. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud vienen señalando desde hace años que el suicidio es una de las principales causas de muerte entre adolescentes y adultos jóvenes a nivel global, superando en muchos países a los accidentes de tránsito y a ciertas enfermedades crónicas en ese rango de edad. La pandemia de COVID-19 y sus efectos posteriores en el aislamiento, la incertidumbre económica y la salud mental de las nuevas generaciones aceleraron una tendencia que ya venía en ascenso.

En América Latina, el acceso a servicios de salud mental sigue siendo desigual y, en muchos casos, insuficiente frente a la demanda real. La falta de cobertura psicológica accesible, el estigma social que todavía rodea a estos temas y la escasez de programas de prevención en escuelas y espacios comunitarios son factores que dificultan una respuesta temprana. Para la comunidad latina que vive en Estados Unidos, esta realidad también resuena: los jóvenes de origen hispano enfrentan barreras adicionales, como el idioma, el costo de la atención médica y las diferencias culturales frente a la salud mental, que muchas veces retrasan la búsqueda de ayuda.
La especialista del centro porteño insistió en que la prevención no requiere necesariamente de formación profesional para ser efectiva a nivel comunitario. Estar disponible, preguntar de manera directa y sin miedo si alguien está pensando en hacerse daño, y acompañar sin juzgar son acciones que cualquier persona puede incorporar en su vínculo con familiares, amigos o compañeros de trabajo. Este tipo de intervención, conocida como primeros auxilios psicológicos, gana terreno en programas de capacitación comunitaria en distintos países.
El rol de las instituciones también fue parte del análisis. Escuelas, universidades y ámbitos laborales son señalados como espacios clave para detectar señales de alerta en etapas tempranas, dado que concentran gran parte del tiempo cotidiano de los jóvenes. La incorporación de protocolos de derivación, líneas de escucha y capacitación docente en salud mental aparece como una herramienta cada vez más solicitada por especialistas del sector.
En Argentina, líneas de ayuda como la del propio Centro de Asistencia al Suicida de Buenos Aires funcionan las 24 horas y de manera gratuita, ofreciendo un canal inmediato para quienes atraviesan una crisis o para quienes buscan orientación sobre cómo ayudar a otra persona. La difusión de estos recursos, remarcó la especialista, es tan importante como la capacitación individual, ya que muchas personas desconocen que existen espacios de contención disponibles en cualquier momento del día.
El crecimiento sostenido de los casos entre 2017 y 2025 pone en agenda la necesidad de políticas públicas integrales que aborden la salud mental juvenil desde una perspectiva preventiva y no solo reactiva. Especialistas consultados por distintos medios coinciden en que la inversión en programas comunitarios, la reducción del estigma y el acceso equitativo a la atención psicológica son pilares indispensables para revertir una tendencia que, lejos de estabilizarse, sigue en ascenso en gran parte de la región.
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