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Mente & Salud

Estos cinco alimentos cotidianos pueden esconder bacterias peligrosas si no se cocinan o refrigeran bien

Organismos de salud advierten que ciertos productos de consumo diario requieren cuidados específicos de manipulación para evitar la proliferación de microorganismos que pueden causar enfermedades.

Redacción Diario Latina · 6 de septiembre de 20264 min de lectura
Estos cinco alimentos cotidianos pueden esconder bacterias peligrosas si no se cocinan o refrigeran bien

La seguridad alimentaria en el hogar es un asunto que muchas familias subestiman, pero que tiene un impacto directo en la salud diaria. Distintos organismos sanitarios vienen insistiendo en que hay al menos cinco alimentos de consumo habitual que, si no se cocinan a la temperatura adecuada o no se refrigeran correctamente, pueden convertirse en una vía de transmisión de bacterias peligrosas para el organismo.

Entre los productos señalados aparecen el pollo, los huevos, el arroz cocido, los lácteos y algunos vegetales de hoja verde, todos ellos presentes de forma constante en la dieta de millones de hogares. Según las recomendaciones difundidas, el riesgo no está en el alimento en sí, sino en la manipulación: desde el momento de la compra hasta el almacenamiento posterior a la cocción, cada etapa puede favorecer la aparición de microorganismos como la salmonela, la listeria o el Bacillus cereus.

El pollo crudo, por ejemplo, es uno de los alimentos que más cuidado exige porque puede contener bacterias que solo se eliminan con una cocción completa, alcanzando temperaturas internas suficientes para matar los patógenos. Dejarlo fuera de la heladera por tiempo prolongado o cortarlo en la misma tabla que se usará luego para vegetales crudos son prácticas que multiplican el riesgo de contaminación cruzada en la cocina.

El arroz cocido, muchas veces dejado a temperatura ambiente para enfriarse antes de guardarlo, es otro foco de atención. Las esporas de ciertas bacterias pueden sobrevivir a la cocción y, si el arroz permanece varias horas fuera del refrigerador, esas esporas germinan y producen toxinas que no desaparecen aunque el alimento se recaliente después. Por eso se recomienda refrigerarlo rápidamente una vez cocido, en un plazo breve tras servirlo.

Los huevos y los productos lácteos también integran esta lista de alertas, principalmente por su vínculo histórico con brotes de salmonela y listeria. La cadena de frío resulta clave: un huevo o un lácteo que pasa horas fuera de la heladera pierde parte de la protección natural contra el desarrollo bacteriano, algo que cobra especial relevancia en climas cálidos como los de buena parte de Latinoamérica y el sur de Estados Unidos.

Este tipo de recomendaciones no es un dato menor para la comunidad latina en Estados Unidos, donde las tradiciones culinarias suelen incluir preparaciones que se cocinan en grandes cantidades y se conservan durante varios días, como guisos, arroces y platos con pollo. La costumbre de dejar las ollas sobre la hornalla o la mesada hasta que se enfríen por completo, en lugar de refrigerarlas de inmediato, es justamente una de las prácticas que los especialistas piden revisar.

A nivel de salud pública, las intoxicaciones alimentarias representan un problema persistente: según estimaciones de organismos sanitarios en distintos países, millones de personas sufren cada año episodios de enfermedades transmitidas por alimentos, muchas de ellas originadas en la cocina doméstica y no en restaurantes o comercios. Los síntomas más comunes incluyen náuseas, vómitos, diarrea y fiebre, cuadros que en general se resuelven solos pero que en poblaciones vulnerables —niños pequeños, adultos mayores, embarazadas o personas inmunodeprimidas— pueden derivar en complicaciones más serias.

Las recomendaciones básicas que repiten los organismos de salud incluyen lavarse las manos antes y después de manipular alimentos crudos, usar tablas de corte separadas para carnes y vegetales, cocinar hasta alcanzar temperaturas internas seguras y evitar dejar comida preparada más de dos horas fuera del refrigerador. También se insiste en la importancia de descongelar los alimentos en la heladera y no a temperatura ambiente, y de revisar periódicamente la temperatura del refrigerador para asegurarse de que se mantenga por debajo de los niveles que permiten el desarrollo bacteriano.

Más allá de estos cinco productos puntuales, el mensaje de fondo apunta a instalar hábitos de manipulación segura como parte de la rutina diaria en la cocina, sin necesidad de generar alarma innecesaria. Pequeños cambios en el almacenamiento y la cocción, sostienen los especialistas, pueden reducir de manera significativa el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos en el hogar.

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