La ausencia de la menstruación en atletas: un riesgo silenciado por el alto rendimiento
La amenorrea, es decir, la pérdida del ciclo menstrual, es un fenómeno común entre mujeres deportistas de élite y aficionadas, pero su normalización esconde consecuencias serias para la salud ósea, hormonal y el rendimiento físico.

Durante décadas, la desaparición de la menstruación en mujeres que practican deporte de forma intensa fue vista como una consecuencia lógica, casi un signo de disciplina y buena condición física. Sin embargo, especialistas en medicina deportiva insisten en que la amenorrea —la ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos— no es un efecto secundario inofensivo, sino una señal de alerta que el cuerpo envía cuando algo no funciona bien.
El fenómeno está profundamente normalizado en el ámbito deportivo, tanto en el circuito profesional como entre mujeres que entrenan de manera recreativa pero exigente. Muchas atletas y sus entrenadores interpretan la falta de regla como una prueba de que el cuerpo se ha 'optimizado' para el rendimiento, cuando en realidad suele ser la manifestación visible de un desequilibrio energético que puede tener consecuencias a largo plazo.
Uno de los principales riesgos asociados es el debilitamiento de la salud ósea. La ausencia prolongada de menstruación suele ir acompañada de una caída en los niveles de estrógeno, hormona clave para mantener la densidad de los huesos. Esto incrementa la probabilidad de sufrir fracturas por estrés y, en el largo plazo, puede derivar en osteoporosis prematura, incluso en mujeres jóvenes que se encuentran en la plenitud de su carrera deportiva.
El problema no afecta únicamente al esqueleto. La disminución hormonal vinculada a la amenorrea también puede impactar en el sistema cardiovascular, en la salud mental y, paradójicamente, en el propio rendimiento deportivo que se busca proteger al entrenar más y comer menos. Lejos de mejorar las marcas, un cuerpo en déficit energético crónico suele volverse más vulnerable a lesiones y menos eficiente en la recuperación.

Este cuadro se enmarca en lo que la medicina deportiva conoce como la 'tríada de la atleta femenina', un concepto que describe la interacción entre baja disponibilidad energética, alteraciones menstruales y pérdida de densidad ósea. Más recientemente, la comunidad científica amplió esa noción bajo el término RED-S (deficiencia energética relativa en el deporte), que reconoce que estos efectos no se limitan a las mujeres ni a un único sistema del cuerpo, sino que pueden alterar el metabolismo, la inmunidad y la salud cardiovascular en general.
El desconocimiento —o la naturalización— de estos síntomas tiene un componente cultural importante. Durante mucho tiempo, el entrenamiento deportivo femenino se diseñó tomando como referencia estudios y protocolos pensados para cuerpos masculinos, sin considerar las particularidades del ciclo hormonal femenino. Esto generó un vacío de información que todavía hoy dificulta que muchas atletas identifiquen la amenorrea como un problema y no como un logro.
En el ámbito de la comunidad latina en Estados Unidos y en América Latina, donde la práctica deportiva femenina crece de manera sostenida —desde el running amateur hasto el fútbol, el atletismo y el fitness competitivo—, este tipo de información resulta clave. El acceso limitado a especialistas en medicina deportiva y ginecología del deporte, sumado a la presión estética y de rendimiento que enfrentan muchas mujeres jóvenes, puede retrasar diagnósticos y perpetuar hábitos de entrenamiento riesgosos.
Los especialistas coinciden en que la clave está en la detección temprana. Recuperar el ciclo menstrual mediante ajustes en la alimentación, la carga de entrenamiento y el descanso no solo protege la salud reproductiva, sino que suele traducirse en mejoras notorias en el rendimiento deportivo a mediano plazo. El mensaje que impulsan médicos y federaciones deportivas es claro: la menstruación no es un obstáculo para el alto rendimiento, sino un indicador de que el cuerpo está funcionando de manera saludable.
Cada vez más programas de entrenamiento de élite incorporan seguimiento ginecológico y nutricional específico para atletas mujeres, en un intento por revertir años de negligencia médica en este terreno. El desafío, sin embargo, sigue siendo cultural: derribar la idea de que perder la regla es sinónimo de estar en forma, y reemplazarla por una mirada que entienda la salud hormonal como parte integral del desempeño deportivo.
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