"La crueldad se volvió política de Estado": el ensayista que llama a resistir la violencia institucional
En su libro "Lo intolerable", un autor entrevistado por BBC Mundo analiza cómo ciertos discursos y prácticas de poder buscan normalizar la crueldad estatal, y propone la responsabilidad colectiva como forma de resistencia.

En una entrevista concedida a BBC Mundo, el autor del libro "Lo intolerable" advirtió que buena parte de las democracias contemporáneas atraviesa un fenómeno que describe como una "política de la crueldad": un conjunto de discursos, medidas y prácticas de poder orientadas a que la sociedad termine aceptando como normales situaciones que, hasta hace poco tiempo, generaban rechazo o indignación generalizada.
Según el planteo central de la obra, ese proceso no ocurre de manera espontánea ni casual, sino que responde a una estrategia deliberada de ciertos sectores del poder político y económico. La repetición constante de ciertos mensajes, la exposición mediática permanente a hechos violentos y la falta de consecuencias para quienes los ejecutan o promueven contribuyen a que la crueldad deje de percibirse como una excepción y pase a integrarse al paisaje cotidiano.
El autor sostiene que frente a este escenario la respuesta no puede reducirse a la indignación individual o pasajera, sino que debe construirse desde la responsabilidad colectiva. Esa idea implica reconocer que la aceptación silenciosa de la violencia estatal, aun cuando no afecte de forma directa a quien la observa, tiene efectos sobre el conjunto de la sociedad y compromete a todos sus integrantes, no solo a las víctimas directas.
El concepto de "lo intolerable", que da nombre al libro, remite justamente a ese límite ético que cada sociedad traza para definir qué prácticas de poder resultan inaceptables, más allá de las diferencias ideológicas. La tesis del autor es que ese umbral se ha ido corriendo en distintos países, permitiendo que medidas antes consideradas extremas —desde el uso desproporcionado de la fuerza hasta la desatención estatal frente a poblaciones vulnerables— se conviertan en parte del debate público sin generar el mismo rechazo que antes.

Para entender el alcance de este planteo conviene recordar que la discusión sobre la violencia estatal y sus límites no es nueva: pensadores de distintas corrientes han señalado históricamente cómo los Estados, en momentos de crisis económica, social o de seguridad, tienden a ampliar sus márgenes de acción coercitiva. Guerras, dictaduras, políticas migratorias restrictivas y crisis económicas suelen funcionar como escenarios propicios para que ciertas prácticas excepcionales se naturalicen con el paso del tiempo.
Este debate resulta especialmente relevante para la comunidad latina en Estados Unidos, que en los últimos años ha sido protagonista de discusiones públicas vinculadas a políticas migratorias, deportaciones masivas y el uso de la fuerza en controles fronterizos. Organizaciones de derechos humanos han señalado en distintas ocasiones que ciertas medidas, presentadas como necesarias por razones de seguridad, terminan afectando de manera desproporcionada a comunidades migrantes y minorías.
En América Latina, por su parte, la tensión entre autoridad estatal y derechos individuales atraviesa buena parte de la historia reciente de la región, marcada por dictaduras militares, procesos de violencia institucional y, más recientemente, políticas de mano dura contra la criminalidad que en varios países han generado un intenso debate sobre sus límites y sus costos en términos de derechos humanos.
El autor de "Lo intolerable" plantea que, frente a este panorama, la salida no pasa únicamente por la denuncia puntual de casos aislados de abuso, sino por sostener una vigilancia colectiva y permanente sobre las decisiones de quienes ejercen el poder. Esa vigilancia, sugiere, requiere de una ciudadanía activa que no naturalice el sufrimiento ajeno ni delegue en el Estado la definición exclusiva de qué es tolerable y qué no.
El libro se inscribe así en una tradición de pensamiento crítico que busca poner en discusión los límites éticos del ejercicio del poder, en un contexto donde la crueldad, según advierte su autor, corre el riesgo de dejar de ser vista como una anomalía para transformarse en un rasgo estructural de la política contemporánea.
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